
El gobierno español (sí, este que lidera la alianza de civilizaciones desde una perspectiva solidaria y multicultural) declaraba hace poco que vendía armamento a Libia por un total de 20 millones de euros.
Ya sabes: los grandes dictadores de los países árabes siempre han sido respetados entre las potencias occidentales porque en la práctica han reprimido los derechos de sus súbditos para así permitir tratos comerciales preferentes con los gobiernos “democráticos” del mundo desarrollado. Para EEUU y Europa, Gadafi o Mubarak eran “nuestos hijos de puta”, en gráfica expresión acuñada en su día por Henry Kissinger: los tiranos necesarios para una estabilidad mundial desequilibrada que favorece escandalosamente al primer mundo.
Pero parece que no fueron 20 millones en armas los que vendió España a Libia. Gracias a Wikileaks, sabemos que tras la reciente visita oficial de Gadafi a España en 2007 las inversiones comerciales con Libia han ascendido hasta los 12.300 millones de euros, de los que el 12% era material de defensa y aeronáutica. El desglose: 7.300 millones de euros en infraestructuras, 3.500 en el sector energético y 1.500 millones de euros para armas
No solo España: Europa ha sido el principal exportador de armas a Libia
¿Se entiende ahora por qué la UE callaba cuando Gadafi empezó a sacar los tanques a la calle para masacrar a su población?
Después vinieron los bombardeos, y la reacción interna que convertía la represión en guerra civil: buen momento, ahora que se derrumba el régimen de Gadafi, para escandalizarse y exigir que sea juzgado por crímenes contra la Humanidad. Ya no nos sirve como “nuestro hijo de puta”.





