Microposts (en ocasiones simples citas), tweets, ascodevidas, grupos de Facebook basados en una frase ocurrente… ¿no recuerdan aquella tradición literaria de los aforismos, donde escritores, filósofos o incluso religiosos concentraban su pensamiento?
Culto a la brevedad pero también al ingenio, Gómez de la Serna y sus greguerías como ejemplo más cercano. Una forma de epifanía fugaz que incorpora el valor de la inmediatez. Este nuevo género circula sin apenas incordiar pero se retroalimenta con generosidad líquida.
Apertura a un nuevo refranero que no viene del campo no los abuelos sino de esta experiencia compartida que bebe de todas las fuentes: los webaforismos tanto pueden ser de cuño nuevo y casi copyright como una sentencia recuperada de una pelicula de los 60 o de un libro del siglo XIX: ámbito heterogéneo que genera y recicla pistas gratuitas sin fecha de caducidad.
En cualquier caso, con vocación de popularidad. Las nuevas sentencias se diferencian de los pensamientos de Pascal, Herman Hesse o Wittgenstein en que buscan el RT, la votación, la suscripción al grupo de fans o el enlace para expandirse de forma viral, desde el interés que despierta la brevedad en la economía de la abundancia.