Hemos hablado en otras ocasiones de Wikileaks, con ocasión del vídeo que mostraba cómo el ejército norteamericano asesinaba dos periodistas de Reuters en la guerra de Irak, o de la publicación del diagrama de la primera bomba atómica, censurado hasta entonces.
Hace unos meses corrió el rumor de que Wikileaks cerraba temporalmente por falta de fondos. Sin embargo, la realidad apunta a todo lo contrario: el sitio se ha convertido en el primer temor del Pentágono al filtrar la mayor información militar de la historia (más de 90.000 documentos clasificados de la guerra de Afganistán) y convertirse en la garganta profunda virtual que toda Administración se esfuerza en combatir.
Wikileaks convertida en más que cuestión de Estado: la publicación de los informes secretos ha recrudecido el enfrentamiento entre India y Pakistán y puede desestabilizar otros delicados equilibrios internacionales.
Dejando para otra ocasión el análisis de cómo han reaccionado gobernantes y líderes políticos (incluido el demócrata Obama), partidarios todos de matar al mensajero, quería subrayar un dato que puede pasar desapercibido o parecer accidental: Wikileaks es una organización que tiene su base en Escandinavia, y ha sido Islandia el único país que ha decidido proteger a su fundador y editor en jefe Julian Assange ante su posible detención por las autoridades de EEUU.
Y yo no sé si será casualidad que The Pirate Bay se fundase en Suecia. O que el Partido Pirata tenga su foco más activo en Suecia, donde ya es la tercera fuerza parlamentaria. O que Linus Torvalds sea finlandés.
O que los países nórdicos sean un referente político del Estado del bienestar.
O que Finlandia encabece año tras año los rankings de las pruebas PISA que evalúan el rendimiento del sistema escolar de los 65 países que se someten a estos exámenes.


