
Hará más de diez años vi Cosas que nunca te dije (1995), y me gustó. Sobre todo, porque se alejaba del canon que estrangula(ba) el cine español. La encontré una película fresca, original, “extranjera” Me quedé entonces con el nombre de Isabel Coixet, pero cada vez que la encontraba y leía o veía en los medios (una entrevista, un reportaje en prensa o TV) me iba cayendo peor: curiosa contradicción la que me producía su obra y su persona.
Me cansó La vida secreta de las palabras (2005), que me produjo una sensación cercana a la que me causaba desde años atrás su personalidad y me resistía a admitir. Una mezcla difusa de cursilería y pedantismo, teñida de poesía y empapada de intelectualismo. Una falsa modestia, la de quien reniega de lo trascendente y se zambulle en lo cotidiano, la de quien huye de los grandes discursos para centrarse en el detallismo de las cosas pequeñas… y sin embargo todo resulta impostado.
Después de ver Mapa de los sonidos de Tokio (2009) puedo precisar mejor lo que me disgusta del cine de Coixet, cuyas películas me siguen pareciendo un excelente ejercicio de montaje, en el que incluyo la selección de la banda sonora y la belleza de la fotografía (a veces da la impresión de que más que una película vemos un carrusel de diapositivas) Y tiene que ver con los títulos: rebuscados.
También con la claustrofobia. Son historias obsesivas y estancadas, una característica que deriva del carácter poético pero que debilita el flujo narrativo y el desarrollo de los personajes.
Y finalmente con la ausencia de un registro cordial o entrañable que humanice los escenarios, las situaciones y de nuevo la historia y los personajes.
Salgo de la sala de cine como si me hubiesen contado una historia por encargo, eso sí, servida con brillante (¿sofisticada?) factura. Formalismo e incluso cosmopolitismo (esta manía Coixet de cambiar de país, casi como necesidad para mantener intacto el toque lejano, la mirada ingenua, la falta de compromiso personal) que tampoco es convincente: qué malo el inglés que habla Sergi López.
Me venían a la memoria otros títulos mientras veía la película. El último tango en París, Garganta profunda. Y el ramen, la mafia o el sushi: los tópicos sobre los que se sostiene la pretendida originalidad. Recursos de otros, préstamos, suplantaciones… como Ryu es una simple replicante de Midori en la fantasía de David.
¿Un mundo de autistas encerrados en sus traumas?: Nagara, Josef (Tim Robbins) en La vida secreta
Pero el sufrimiento nunca es bello cuando es de verdad.