
La semana pasada se publicó la noticia de que una conocida bloguera siria había sido secuestrada, y desde entonces se puso en marcha una campaña internacional exigiendo su liberación. Finalmente ha aparecido el autor de A gay girl in Damascus.
Sí, autor. La lesbiana en Damasco Amina Abdallah Araf al Omari ha resultado ser Tom MacMaster, un estadounidense cuya esposa realiza un doctorado sobre Siria. De ella sacó la inspiración y la información para trasvestirse virtualmente, sin contárselo a ella ni a los miles y miles de lectores que atrajo su blog. Ni a las lectoras con las que mantuvo una relación sentimental por Internet.
Ahora MacMaster confiesa que inventó el personaje como un reto literario con el objetivo de dar a conocer el conflicto sirio. Y por supuesto que se arrepiente de esta aventura, un fraude que ha durado cinco meses.
El interés que ha despertado el suceso tiene dos componentes bien diferenciados. Para la prensa y medios convencionales, demuestra lo poco fiable que resulta la red, donde “nada es verdad mientras no se demuestre lo contrario”. En la blogosfera despierta una cierta envidia no confesada: ¿cuántos bloggers no han fantaseado con estrategias parecidas, aunque menos atrevidas, a fin de multiplicar sus lectores y alcanzar al fin la popularidad que se les resiste, una versión postmoderna de Fausto vendiendo su alma?