Rodeados de aparatos de mil marcas (en demasiadas ocasiones fabricados con pequeñas deficiencias, incluso intencionadas), estamos a merced del servicio técnico. Para consultas, pequeñas reparaciones, chapucillas, arreglos de todo tipo que suelen derivar en una factura de lo más abultado.
Ya conoces el chiste. Avisan urgentemente a un técnico porque la máquina central de una fábrica se ha estropeado. Llega, estudia la situación y saca un destornillador con el que aprieta un tornillo que al parecer estaba flojo, y la máquina vuelve a funcionar. Total por los tres minutos de trabajo: 1.000 euros. Al preguntarle escandalizado el contable de la empresa por lo elevadísimo de la factura, el técnico contesta: “1 euro por apretar el tornillo, 999 por saber qué tornillo había que apretar”
Cada vez se de más gente que antes de avisar al técnico teclea su problemas en forma de cadena de búsqueda. Y en la mayoría de casos encuentra la solución. Foros, webs, blogs, grupos de correo. Albañilería, ventanas de aluminio, reproductor de DVD, reloj, batería, batidora, teléfono móvil, software.
Allí donde los manuales de instrucciones enmudecen, allí donde dependientes y vendedores se pierden, allí donde el servicio técnico te cobra por respirar, llega Internet: un nuevo espacio de colaboración e intercambio donde no solo puedes encontrar canciones o películas. También consejos, orientaciones, explicaciones… que la gente cuelga en la red sin ánimo de lucro. Por el placer de compartir.