
El solista (nunca mejor dicho) de The Doors murió en el sitio adecuado en el momento oportuno. ¿Se lo imaginan 40 años después, barrigudo y calvo, paseando sus leyendas en programas de TV de poca audiencia orientados a un público friki de mitómanos coleccionistas de anécdotas?
Murió en París antes de cumplir los 30 cuando todavía estaba en auge la religión de las drogas. Además lo hizo envuelto en el misterio (¿se suicidó?, ¿murió de sobredosis en vez del infarto que certificó el médico? Es más: ¿realmente murió? Llevamos 40 años de testimonios que aseguran haberlo visto en los más insólitos parajes) que promueve automáticamente a un famoso a la categoría de mito. Desde entonces, la peregrinación a su tumba forma parte de la ruta de los creyentes (todavía quedan) en la eterna juventud que abraza a los rebeldes. Como James Dean, Kurt Cobain o Michael Jackson, el personaje Jim Morrison desborda y anula a la persona.
Nunca fui fan suyo. Me parecía un cantante empalagoso (aunque turbador si uno ha visto sus actuaciones en directo) que cultivaba con descaro y tal vez ingenuidad un narcisismo que provocaba en sus seguidores una adoración mística.
California dreamin’ hubiese podido ser su himno si no lo hubiesen escrito The mamas & the papas. A cambio, Light my fire sigue esparciendo sensualidad por todo el mundo.
En cuanto al grupo, The Doors me parece un grupo de lo más sencillito.
Y no sé por qué (será por el malditismo) el cantante español Enrique Bunburry (ex de Los Héroes del Silencio) me recuerda a Morrison.
Para los no iniciados, la película de Oliver Stone The Doors (1991) es una aproximación muy recomendable. Y para los más lectores, la novela policíaca de Jordi Sierra i Fabra En busca de Jim Morrison



El fundador y guitarrista de MC5 Wayne Kramer ha regresado al estudio de grabación, acompañado del productor original Bruce Botnick, para volver a grabar Kick Out the Jams (original de octubre de 1968), en exclusiva para