
En esta evolución que estamos viviendo desde el estado del bienestar al estado del control policial (controles en los aeropuertos, cámaras en las calles, tarjetes de identidad con chip RFID…), Internet va a jugar un papel decisivo: la red se convierte en la más extensa base de datos jamás soñada. Porque no son las administraciones públicas ni los ejércitos ni las compañías privadas de seguridad quienes tienen que infiltrarse y excavar para conseguir información significativa sino que son (somos) los propios ciudadanos quienes la proporcionan (proporcionamos) al publicarla en portales comerciales, redes sociales o simples buscadores.
Twitter debía ser un inocente sistema de microblogging mediante el que podíamos establecer chats minimalistas asíncronos y multilaterales. Pero su popularidad le condenó a ser un buscador en tiempo real. Tanto que ya es el mayor referenciador de vídeos en la web. Un capital que Twitter no está dispuesto a despreciar: indexará y almacenará los enlaces que contienen los tuits.
Por supuesto lo hace por nuestro bien: detectar enlaces que apunten a sitios peligrosos… O sea, que en nombre de la seguridad se queda con nuestra privacidad.
Un nuevo frente en la lucha por redefinir Internet (minería de datos) que no ha hecho más que empezar.
Fuente: CNet
Imagen: Luís Ramírez


Para quien no lo conozca, RFID (Radio Frequency IDentification) es una tecnología para la identificación a distancia de objetos de forma que la información sobre su movimiento pueda ser actualizada y almacenada digitalmente sin intervención humana. Vamos, un chip para ubicar desde un ordenador el producto en que se ha implantado: telegestión digital.