Sin entrar en profundidades sobre la gestión de los residuos (también humanos) como signo de nuestra postmodernidad más problemática (para los interesados: Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias, de Zygmunt Bauman): Rosa Benito ganó ayer la edición de Supervivientes 2011, en olor de multitudes.
Para los más despistados: Rosa forma parte de la plantilla de estrellas mediáticas que giran en torno a Jorge Javier Vázquez y gobiernan la audiencia que se multiplica desde Telecinco.
Telebasura, dicen los exquisitos. Pero la basura televisiva no es solo sangre y morbo marginal, también tiene su galería de divos y divas, su bollywood de famos@s.
O mejor, de exfamosos. Personajes residuales que personifican el glamour que ejerce en los telespectadores lo falso, lo simulado, lo impostado.
En Sálvame (programa icono de esta cultura) se concentran muchos de estos pseudofamosos. Como la basura que generamos son los restos de nuestro ciclo consumista, la telebasura provee de personajes basura, residuos de una actividad productiva y creativa que cada vez nos interesa menos: sustituimos el artista por el entorno del artista, el producto artístico por el buzz (cuanto más alejado de la obra, mejor) que contagia los medios.
Sálvame, colección o escaparate de ex que hablan de ex. Rosa Benito es la casi ex de Amador, el hermano de Rocío Jurado, una ilustre (la única auténtica) ex, por cuanto falleció hace unos años: Rosa es la tercera en la cadena trófica de la fama que deriva de una rama de la Jurado.
Otra tertuliana: Raquel Bollo, ex de Chiquetete, un excantaor que se mantiene semivivo en la crónica rosa.
También está Paz Padilla, una excómica.
Kiko Hernández, un ex de Gran Hermano
O Mila Santana, muy ex de aquel tenista mítico y de (dicen) Encarna Sánchez, aquella más mítica locutora de radio.
¿No es JJ Vázquez todavía un ex del Tomate?
Y Kiko Matamoros: hermano de Coto, otro ex desaparecido en combate.
Y Belén Esteban, ex de un extorero.
Si el simulacro es uno de los signos de nuestra postmodernidad, esta pandilla de falsos famosos que con su omnipresencia televisiva suplantan a los tal vez verdaderos famosos de los que hablan y con los que en algún momento estuvieron emparentados y de los que son contrapartida light, reflejo que puede magnificarse porque al no tener nada de auténtico permite una réplica diaria que satisfaga un consumo masivo.
¿Se imaginan a Isabel Pantoja dando un recital en la tele cada día?
Segundones, parásitos. Como lo son tantos zombies y vampiros que se han puesto de moda en la literatura fantástica de telenovela porque forman parte de la misma familia de residuos humanos que nuestra época produce de forma descontrolada e ignominiosa. Campos de refugiados, por ejemplo.
Esta basura VIP que brilla en la tele se multiplica en multitud de tertulias, programas, polémicas, revistas. Como la basura real, con la que ya no sabemos qué hacer de tanta como producimos.
Más consumo, más basura. Ahí están las toneladas vertidas por Ortega Cano, un extorero exmarido de una excantante. Su accidente de coche llena más plazas que sus faenas.

