
Las dos hijas pequeñas (9 y 7 años) han llorado y llorado mientras veíamos la película. Y al salir una de ellas se lamenta: “qué malos somos los humanos”. Objetivo cumplido: de eso se trataba, golpear la sensibilidad infantil (también de los mayores: ¿no llevamos todos un niño dentro?) a base de imágenes que nos empapan con la fuerza de los océanos sumergiéndonos en las profundidades de un discurso tramposo.
No hay distanciamiento porque así lo exige un guión sin argumento que prescinde de datos y referencias objetivas para situarnos en un limbo donde somos vulnerables: el espectáculo es demasiado grandioso como para resistirse. Sin guión pero también sin estructura (didáctica, histórica, geográfica…) para así acentuar este carácter difuso que nos desarma. Diluvio de belleza (fondo y forma: Naturaleza e imágenes) que nos anonada. Que nos hipnotiza debilitando nuestra capacidad de análisis. De conocimiento. Oceános es un recorrido sin guía ni criterio (de hecho recupera de forma arbitraria ballenas, fondos marinos o la pareja niño-abuelo) a través de un reino fascinante.
Cuando llega la carga submarina de la masacre (un tiburón hundiéndose sin su aleta y sangrando), somos peces atacados violentamente por una fuerza destructora sin nombre ni fecha ni lugar: no hay distanciamiento sino identificación para que funcione el registro sensiblero y se nos cuele en vena un vago discurso ecologista que en realidad no denuncia a nadie ni a nadie (incluyo los espectadores, felices consumidores de marisco o sopa de aleta de tiburón) pero explota la moda del buenismo naturista. El cine, esta fábrica de sueños que nos encoge el corazón alejándonos de la realidad. Pobrecitas morsas, pero qué bueno está el jamón de York.
La mayor de las hijas nos pregunta, todavía llorosa, si esta película no es para mayores de 13 años. Por curiosidad, lo consulto después en el periódico: Apta para todos los públicos.
Por lo demás, película larga y tediosa por lo enfático. Narración empalagosa, aunque afortunadamente breve. Lo mejor: las texturas de unos paisajes fotografiados en close-up.