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despuesdegoogle

internet y pos(t)modernidad


Atención: Este blog ya no se actualiza. Desde el 22 de agosto de 2011 se ha integrado en el nuevo blog tiempos pos(t)modernos, que te invitamos a visitar



Archive for the ‘neoliberalismo’ tag

Los ricos son cada vez más ricos

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El neoliberalismo (modelo político y económico imperante en el mundo desde hace tres décadas) agrava la división entre pobres y ricos. Hace cada vez mayor la diferencia que los separa. Pero no de forma casual o colateral sino programática. Lo mismo que la Thatcher debilitó el movimiento sindical a base de aumentar el número de parados, las políticas neoliberales buscan hacer más pobres a los pobres como estrategia de sumisión. O estímulo, en su versión edulcorada: así no se abandonarán a la pereza ni se acostumbrarán a chupar del bote que es el estado del bienestar. Como ejemplo reciente, léanse las declaraciones de Díaz Ferrán (finalmente dimitido de la presidencia de la CEOE tras arruinar Marsans y demás compañías a su cargo): “para salir de la crisis hay que trabajar más y cobrar menos”.

Así las cosas, los ricos muy ricos son cada vez más ricos.
Según los estudios publicados por Merryll-Lynch y Capgemini (de los poquísimos que se realizan: parece que seguir la pista de la riqueza no atrae a los medios y las universidades), había 8,8 millones de HNWI (High Net Worth Individuals: ricachones) en el año 2005, 9,5 en 2006 y 10,1 millones en 2007. En 2008, con el estallido de la crisis económica, el número de HNWI bajó a 8,6 millones. Pero ya en 2009 llegaba a los 10 millones, casi el mismo nivel del año 2007. Su fortuna global suma 40 billones de dólares, el triple de todo el PIB de EEUU. Casi 40 veces el PIB de España.
Y ¿cómo se acumula tanta riqueza en tiempos de recesión? Esta es la receta, según el mismo estudio de Merryll-Lynch y Capgemini:

“servirse de la crisis bancaria (generada por préstamos inmobiliarios de mala calidad y por la morosidad) como ocasión para cambiar las leyes y permitir que las empresas privadas y los entes públicos puedan despedir barato y más discrecionalmente a los trabajadores, así como reducir las pensiones y el gasto social a fin de pagar más a los bancos.”

Vía Sinpermiso

Written by emiligene

octubre 21st, 2010 at 1:39 pm

El fin de las tarifas planas y del estado del bienestar

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Se ha abierto la veda, y el goteo de declaraciones “realistas” se está acelerando. Ayer Telefónica, hoy Vodafone y Yoigo: que pague más quien más consume.
Nos esperan semanas de desembarco intensivo. El coro se hará más grande y potente, y adoptará formas todavía más razonables. Operadoras y proveedoras de contenido hablan en nombre del bien común, como hacían antes los políticos de la nación y los pastores de la iglesia; no invocarán los beneficios de su liquidación anual o trimestral sino argumentos técnicos (la banda ancha está saturada y el servicio será cada vez de peor calidad) y hasta humanitarios (proporcionalmente los usuarios intensivos pagan menos y esto es injusto).
Y la música nos resulta familiar, porque es la misma que ha inspirado el desmantelamiento del estado del bienestar al que estamos asistiendo como etapa final de la apoteosis neoliberal. Reducción de prestaciones sociales, desregulación del mercado, recorte en inversión pública, privatizaciones.
Internet nació cuando todavía el estado del bienestar era un marco político, pero ahora la red neutra no encaja en un modelo de economía transnacional que exige sacrificios a los estados y a sus ciudadanos mileuristas o simplemente parados. La red neutra es un freno al negocio de una Internet móvil que cobra por servicios, y por eso tiene los días contados. Si uno recuerda que estas tres décadas de neoliberalismo han aumentado las diferencias entre ricos y pobres o Norte y Sur (como condición necesaria de desarrollo y no como consecuencia evitable), asumirá que las tarifas planas que incluyan VoIP sobre redes 3G son incompatibles con esta etapa globalizada del capitalismo actual.
¿Acaso Google, Apple, Telefónica o Vodafone no son actores destacados de este capitalismo en expansión?

Imagen: El Roto

Written by emiligene

agosto 31st, 2010 at 8:40 pm

La desregulación de Internet

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Internet arrastra el pecado original de haber nacido fuera del recinto empresarial. Apareció, humilde, colectivo y anónimo, entre laboratorios militares y académicos ajenos por completo a objetivos comerciales. Después pasó lo que todos sabemos: se hizo popular y global, y los usuarios tomaron posesión espontánea y masiva de un nuevo espacio que por primera vez en la historia no había sido diseñado desde arriba.
Desde entonces, los Gobiernos han mirado con desconfianza una red universal sin gobierno ni policía, y las multinacionales han contemplado su implantación con envidia: Internet no es uno de los suyos.

Llevamos casi 40 años de neoliberalismo mundial, impulsado por Thatcher, Reagan, Köhl y los líderes políticos que les sucedieron, dispuestos a continuar el desmantelamiento del Estado del bienestar. Privatizaciones, libertad de circulación de capitales, economía financiera, sistema bancario en la sombra. Con sus contrapartidas: paro, deslocalización, migraciones, empleo precario, reducción de la protección social, desmovilización sindical. Digamos que los ideólogos del neoliberalismo hicieron bien su trabajo ya que sus principios han calado en el imaginario colectivo (ahí están los tópicos del funcionario parásito, de la administración pública corrupta, de la ineficacia de los servicios públicos…) y facilitado el continuo desembarco de empresas transnacionales, que han agrandado como nunca en la historia las diferencias entre pobre y ricos.

Hoy hasta los llamados gobiernos de izquierdas y progresistas como se define el de Zapatero en España sucumben ante las instrucciones emanadas del FMI o el Banco Mundial: la política está en manos del capital globalizado que exige escenarios a la medida de sus inversiones, y este es otro de los grandes éxitos de la cruzada neoliberal.
Internet, esta realidad atípica, está a punto de caer bajo el dominio de la lógica neoliberal. Dejará de ser un ámbito libre acogido a la regla de la red neutra para convertirse en un mercado desregulado acogido a los embates del capital financiero.

La economía globalizada fue creada para saltarse las limitaciones de las leyes nacionales, que condicionan su crecimiento al encajarlo en políticas concretas como son las de cada Estado. A este capital no le gustan los aranceles ni los impuestos ni las medidas proteccionistas. No admite estar regulado, como suele pasar en la televisión de EEUU cuando gobiernan los republicanos: se desregula la publicidad, levantando todo tipo de medidas restrictivas que buscan proteger al espectador. El tiempo que consumen los anuncios queda al arbitrio de la dialéctica oferta-demanda.

Internet, pues, será desregulado, y este cambio dramático podía preverse por aquellos que no creen en milagros. Pero nos jode que sea precisamente Google quien haya puesto la primera piedra en el proceso de desregulación.

También comentan el tránsito Periodistas 21, Enrique Dans o Error 500, los dos primeros con mayor optimismo que el de un servidor.

Written by emiligene

agosto 10th, 2010 at 11:31 pm

La imposibilidad de vivir el presente

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Tenemos que agradecer al neoliberalismo imperante desde Tatcher, Reagan, Pinochet y demás líderes políticos (incluido Aznar) adictos a la causa, una evidente ruptura con el peso del pasado. Su programa de privatizaciones y su apoyo a una economía globalizada abre la puerta a vertiginosas operaciones que transforman el paisaje físico y humano. Aunque suele ser conservador en lo ideológico, el neoliberalismo acelera profundos cambios de vida en la población (¿podemos imaginar uno mayor que el derivado de los actuales movimientos migratorios que afectan a millones de personas?) que en la práctica significa un debilitamiento de la tradición. De las costumbres, del pasado. La especulación inmobiliaria modifica radicalmente barrios y ciudades, y la economía financiera impone la flexibilización del mercado de trabajo, cada vez más escaso y precario. Vivir al día, adaptarse: esto es lo que espera y exige la empresa postmoderna de sus trabajadores. El lento desmantelamiento del Estado del bienestar (ahí está Zapatero recortando pensiones e inversiones públicas como el resto de gobernantes, al dictado del FMI) nos va dejando sin protección frente al mundo obligándonos a un reciclaje permanente: no hay posibilidad de apoyarse en lo conseguido con anterioridad.

Todo lo contrario de aquella sociedad vertical y autoritaria blindada frente al exterior con un discurso paternalista y dogmático donde el inmovilismo era obligado. Hablo del franquismo nacional católico que hemos vivido en España hace sólo unas décadas pero también de un modelo generalizado en el mundo industrial anterior a Internet, el hiperconsumismo y la globalización, que se basaba en la fidelidad como valor. Entonces las empresas tenían vocación de durabilidad, lo mismo que las parejas, porque no se conocía el modelo de usar y tirar.

Este estímulo por vivir el presente del neoliberalismo actual tiene sin embargo bastante de estresante porque implica vivir bajo la amenaza de un futuro cada vez más inseguro. Y no me refiero sólo a la inseguridad laboral o económica (el Euribor que sube y baja como una espada de Damocles) sino a una inseguridad física: no es casual que se hayan multiplicado las cámaras, todo tipo de controles. Vamos hacia una sociedad policial, con o sin amenaza terrorista expresa.

Otros discursos más atemporales y extranjeros han reivindicado igualmente la fórmula de vivir el presente, sin la carga obligatoria de nuestra sociedad postindustrial. Antes, en los tiempos autoritarios e inmovilistas, tenían algo de subversivo porque atentaban contra el principio de la gratificación diferida: a los católicos nos imponían la represión de los sentidos a cambio de un premio en la otra vida. Pero ahora, con la publicidad instándonos a consumir ya incluso antes de poder pagarlo, esto de vivir el presente ha dejado de ser pecado.
Me refiero al pagano carpe diem o al principio vagamente oriental que cultiva el desapego (“sólo existe el presente”, “lo importante es el proceso y no la meta”), de forma parecida a las recomendaciones de Jesús, en este caso basadas en la confianza en la Providencia:

Observen atentamente las aves del cielo, porque ellas no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; no obstante, su Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, por medio de inquietarse, puede añadir un codo a la duración de su vida? También, en cuanto al asunto de ropa, ¿por qué se inquietan? Aprendan una lección de los lirios del campo, cómo crecen; no se afanan, ni hilan; pero les digo que ni siquiera Salomón en toda su gloria se vistió como uno de estos. Pues bien, si Dios viste así a la vegetación del campo, que hoy está aquí y mañana se echa al horno, ¿no los vestirá a ustedes con mucha más razón, hombres de poca fe? Por eso, nunca se inquieten y digan: ‘¿Qué hemos de comer?’, o ‘¿qué hemos de beber?’, o ‘¿qué hemos de ponernos?’. Porque todas estas son las cosas en pos de las cuales las naciones van con empeño. Pues su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas.

Hoy todo nos empuja a concentrarnos en el presente: los consejos de autoayuda bañados de primitivismo religioso, la volatilidad del mercado, el inmediatismo publicitario.
Sin embargo, la profunda crisis económica que sacude el planeta parece desmentir las bondades de la fórmula. Fue justamente la falta de previsión y una ambición desregulada las que nos han llevado a estos tiempos de angustia. Vivir alegremente el presente como una cigarra derrochadora que se endeuda por encima de sus posibilidades no sirve: el futuro existe. Hay que visualizarlo, construirlo con tiempo y perspectiva.

Por no hablar del psicoanálisis. El éxito de la fórmula vive el presente es un canto al infantilismo: la infancia es el reino del presente, como bien sabía Peter Pan. Pero al crecer descubres que esta misma infancia sigue viva y condiciona buena parte de tus decisiones: tu presente no es sino el desarrollo de tu pasado. Y si es feliz y equilibrado no tenemos por qué darle más vueltas. Pero si se tuerce con errores y fracasos personales que en muchas ocasiones son recurrentes, ¿no es urgente revisitar los traumas infantiles para desactivarlos? En demasiadas ocasiones somos esclavos del pasado, y entregarnos al presente no basta para liberarnos de su influjo.

Y la cirugía estética. No paro de ver y escuchar campañas promoviendo todo tipo de rejuvenecedores o retardantes del envejecimiento. Parecer más jóvenes: ¿qué tiene que ver con vivir el presente? Aquí la esquizofrenia es demasiado evidente. No queremos asumir el presente a partir de los ¿40?, ¿50?, ¿60? años, sino detener el tiempo. Como si fuese una propiedad individual. Como Fausto, pero light.

Written by emiligene

agosto 9th, 2010 at 11:26 am

Posted in postmodernidad

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