
La Conferencia Episcopal ha lanzado un vídeo de estos que puede emocionar a algunos e irritar a otros por apropiarse de un discurso tan ajeno como es el partido final de la selección española de fútbol en el mundial de Sudáfrica: ecos de triunfo mundano y nación cuando se supone que los valores que predica la Iglesia son la humildad (ahí están las buenaventuranzas) y el universalismo.
En fin, que para relanzar su marca se ha asociado a la marca Iniesta, y sin pagar derechos de autor. Y lo hace porque esta sintetiza las mejores virtudes que esta sociedad postmoderna es incapaz de identificar y menos personificar. La misma Iglesia abrumada por los miles de casos de escándalos sexuales, los líderes políticos desbordados por infinitas situaciones de corrupción y un maniqueísmo que aburre.
Iniesta es, además del autor del gol más importante de toda la historia del fútbol español, el jugador que se quitó la camiseta para homenajear a un amigo muerto que jugaba en el equipo rival. Un detalle que jamás olvidará la afición del Espanyol ni buena parte de los socios y seguidores de otros clubes.
En esta época escéptica, hedonista y cínica, los deportistas han asumido un rol fundamental (aunque tramposo) como referentes de valores en crisis como son la solidaridad con el grupo, la fidelidad, el esfuerzo y una cultivada sencillez: “no hay más partido que el de mañana”.
Esta lección semanal de convivencia pacífica, de autocontrol, de respeto al rival, es uno de los más eficaces rituales para reforzar la cohesión social, aunque sea a costa de reproducir parte del esquema pan y circo. Al menos, hoy no se mata a los gladiadores sino que se les paga generosamente para que nos entretengan.
El ejemplo de Iniesta se reprodujo este miércoles en el estadio del Real Madrid: sus jugadores mostraron un mensaje de apoyo a Abidal, el jugador del Barça que justamente había manifestado que deseaba la eliminación del equipo merengue al acabar el partido contra el Arsenal que los clasificaba para cuartos. Mensaje institucional (mostrado por los jugadores blancos al finalizar el partido ya que la UEFA prohíbe hacerlo al principio) como representación simbólica de un espíritu de conciliación que seguramente ningún otro escenario ni evento puede escenificar con tanta autoridad.
Lo superficial (dar patadas a un balón) convertido en ejemplo de multitudes como lo fue en tiempos lejanos la religión: esto forma parte de la postmodernidad.


Google había convocado un concurso para elegir el mejor doodle entre las creaciones enviadas por artistas entre 4 y 17 años para celebrar el Campeonato mundial de fútbol bajo el lema Me gusta el fútbol. 



