U
na de las cosas que más me llamó la atención cuando leí Millennium fue la corrupción (económica, policial, gubernamental) y el racismo que esconde la sociedad sueca. Una sociedad que, como las del resto de países nórdicos, uno asociaba con civismo, derechos sociales, democracia ciudadana y progreso económico. Vamos, el paraíso del Estado del bienestar y la socialdemocracia.
Las recientes elecciones confirman la peor cara de un país que nos sorprende: la extrema derecha entra por primera vez en el Parlamento, con más del 6% del total de votos, lo que les proporciona 20 escaños.
6 de cada 100 suecos han elegido un programa xenófobo y neonazi como alternativa de gobierno.
Y digo que nos sorprende porque el Partido Pirata es sueco, Suecia es uno de los países del mundo con mejor banda ancha, The Pirate Bay se fundó en Suecia… Además de que Islandia acogió a Julian Assange cuando estalló el caso Wikileaks, Ubuntu está implantado en la red de escuelas finlandesas, Finlandia encabeza todos los rankings educativos del informe PISA, Finlandia ha sido el segundo país en reconocer por ley el derecho ciudadano a la banda ancha, Linus Torvalds es finlandés.
En fin, que habrá que revisar esta imagen de la cultura nórdica para hacerle un sitio a una realidad que hasta hace poco nos resultaba inimaginable. Stieg Larsson no iba tan desencaminado.
Imagen: El hombre 3