Cansados, deprimidos, derrotados. Así estamos. Pero se veía venir, no digamos que no nos hubiesen avisado. Desde hace años las sociedades de gestión (la SGAE y las otras muchas desparramadas en España y todo el mundo), las discográficas, las productoras y las distribuidoras se han puesto de acuerdo en unas pocas estrategias básicas:
1. Criminalizar socialmente las redes p2p y en general la redistribución del software, con argumentos apocalípticos: el fin de la industria, competencia desleal, artistas en el paro…
2. Presionar a los Gobiernos de forma masiva para exigir una legislación actualizada
3. Judicializar sus planteamientos: denuncias en los tribunales contra webs, usuarios y pequeñas compañías
Pues bien, el final de la red neutra está más cerca, por mucho que esto suponga una regresión. Los Gobiernos (ay, Europa libre y democrática), incluido el de España, anuncian medidas y, lo que es peor, una acción conjunta y responsable.
Como he escrito otras veces, el fin de la inocencia. Desembarca la realidad en Internet. ¿O creíamos que el actual neocapitalismo que deslocaliza empresas, facilita el despido y los contratos basura, o aumenta el desequilibrio Norte-Sur iba a dejar el pastel millonario de Internet en manos de unos usuarios participativos sin fronteras ni peajes?
Hasta aquí ninguna sorpresa. Internet será regulado por estos Gobiernos a los que no podemos acusar de incultos. Sus presidentes, ministros, subsecretarios y directores generales tienen la conciencia y cultura que les exigen las grandes empresas del sector audiovisual y del ocio para legislar a su favor. Los Gobiernos que uniformarán sus políticas contra la Internet libre no son inocentes.
Lo único primero que cabría pedir es que no nos traten como a niños gilipollas, mintiendo con babeante paternalismo.
Cuando dicen “protección del derecho intelectual” de los creadores, que se atrevan a decir “protección de la posición de privilegio” de las productoras y distribuidoras, adquirida en épocas anteriores a Internet.
¿Y los proveedores de acceso a Internet? Siguen calladitos, pero ya conocemos su respuesta. Se están frotando las manos: ellos serán los socios necesarios en el nuevo modelo de negocio que quieren bendecir los Gobiernos.
No creo sin embargo que esto suponga el fin de Internet. Tampoco, que la encriptación propuesta por The Pirate Bay o el p4p funcionen como alternativas globales.
Simplemente, los criterios e intereses tradicionales impondrán sus límites, teledirigiendo a los Gobiernos.
¿No hay esperanza de recuperación? En todo caso no vendrá de unos usuarios desorganizados y sin representantes para negociar. Veremos si se popularizan algo así OCUs de internautas. Más bien, la modernidad llegará a Internet cuando los nuevos emprendedores sean más, más persuasivos, más poderosos que los actuales dinosaurios que están a punto de controlarla en nombre de unos autores, la mayoría de ellos sometidos a su dictadura y manipulados como coartada.