
Destituido por abusar sexualmente de un sobrino suyo de 11 años, ahora reconoce que también “jugaba” con el otro, de 12 años. Lo cuenta en la televisión como hacen las estrellas: con ganas y dando detalles.
Por ejemplo:
- “Nunca hubo violación ni penetración. Fue sin malicia”
- “Todo empezó como un simple juego, aunque no fue más allá. Solo hubo tocamientos”
- “No se trata de sexualidad, sino intimidad”
- “No tenía la impresión de que mi sobrino se opusiera, al contrario”
Por supuesto, todo el mundo está escandalizado, más al saber que desde el punto de vista legal ambos delitos han prescrito. Pero, ¿qué pasa con los cientos y miles de casos parecidos? El tono ingenuista de quien está por encima del bien y del mal empleado por el ex-obispo para contar su experiencia retrata muy bien la forma en que tantos sacerdotes han actuado, con la complicidad y hasta el beneplácito de la jerarquía eclesiástica.



