Portugal no ha resistido la presión de los mercados (¿te has fijado en la reverencia que merece tal eufemismo cuando lo usan periodistas y políticos aunque sean socialistas?) y tendrá que adoptar las medidas anticrisis que tan bien conocemos: reducción de salarios, austeridad presupuestaria, privatización de servicios, flexibilidad (me encanta este otro eufemismo) del marcado laboral, recorte de prestaciones sociales, adelgazamiento del Estado del bienestar. A cambio, recibirá los 80.000 millones de euros del fondo europeo para que los bancos sigan moviendo dinero.
El caso portugués recuerda al irlandés. ¿Recuerdan el llamado milagro irlandés, paraíso tecnológico y ejemplo de despegue económico fulminante (en realidad un boom originado en la desregulación del mercado, que atraía inversiones a base de impuestos bajísimos y artificiales), caído ahora en la misma desgracia que Portugal de ser controlados por un comité de expertos?
El problema está en Europa, dirán algunos. Pero EEUU, por boca nada menos que de Obama, líder de los derechos humanos y la justicia social, acaba de adoptar un paquete de “dolorosas” medidas semejantes.
Dicho a lo bruto: los bancos la cagaron y ahora nos toca pagar la deuda y la culpa entre todos. Entre todos menos ellos, a los que el Estado provee de dinero público para que puedan seguir haciendo negocio.
Llama la atención el poco interés mediático (una revolución silenciada) que despierta el caso de Islandia, un país ajeno a la zona euro que por su propia marginalidad (no solo geográfica) y la decisión de sus políticos vive la crisis global de forma bien distinta. En pocas palabras: se ha negado a asumir la deuda multimillonaria generada por los tres bancos durante los años de vino y rosas en que entregaron el mercado inmobiliario a clientes británicos y holandeses que ahora reclaman el dinero en los tribunales. El gobierno islandés, sin embargo, ni siquiera ha aceptado la rebaja en el pago (del 5,5% al 3% y en un plazo mucho más largo), ofrecida por los abogados de los inversores. Al contrario, ha optado por acusar, juzgar y encarcelar a los responsables financieros de aquel despelote.
