
El nuevo negro (en terminología políticamente correcta, ghostwriter) encargado de sustituir al que ya había completado la autobiografia del prenmier británico y fallecido en extralas circunstancias, se ve metido en un laberinto de medias verdades tormentosas que decide desbrozar.
Gracias a su curiosidad pero también a una cierta falta de reflejos (propia de un carácter ingenuo y adaptable), este escritor inventado por Polanski encuentra las pistas dejadas por su antecesor. Y tiene la suerte y la habilidad de ir relacionándolas hasta finalmente recomponer un puzzle ocultado durante décadas.
Un gravísimo secreto de Estado, que cuestiona la política internacional de los últimos años (Tony Blair y su apoyo a Bush, que en esta ficción le es devuelto con creces por la Condolezza Rice de turno)… descubierto gracias a Google.
Ahí está en una habitación de hotel el ghostrwriter buscando en Internet datos sobre Paul Emmet, y Google le devuelve en la primera página de resultados el eslabón perdido: Emmet fue un agente de la CIA.
Y a partir de aquí, sólo es cuestión de atar cabos.
Tirarse a la esposa de todo un ex-premier sin mover un músculo (al estilo 007: el ghostwriter asume el rol de Pierce Brosnan. Juego de espejos, caricatura y guiño para cinéfilos) es tán fácil como descubrir en un segundo todo un complot internacional con sólo consultar a Google.
¿No huele demasiado a best-seller?