
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha confirmado que los núcleos de los reactores 1, 2 y 3 de la central nuclear de Fukushima están dañados.
La radiación ha obligado a evacuar los trabajadores (excepto 40 “kamikazes”) y alejar los helicópteros militares que vertían agua sobre el reactor número 3.
El responsable de la Comisión Reguladora Nuclear de EEUU, Gregory Jaczko, dijo hoy que se agotó el agua en el depósito de combustible del reactor 4 (cerrado en el momento del terremoto) de la planta nuclear, lo cual podría derivar en una fusión nuclear y un grave aumento de la radiación. Es por ello que la embajada de EEUU en Tokio ha recomendado hoy a sus ciudadanos que se alejen más allá de 80 kilómetros de la planta de Fukushima.
El comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, tras calificar ayer la situación de apocalíptica, añade hoy: “En las próximas horas corremos el riesgo de asistir a una nueva catástrofe de gran peligro”.
La Autoridad de Seguridad Nuclear francesa asigna un nivel de alerta 6, solo superado por el desastre de Chernobyl que llegó a nivel 7.
Resumen: Cuatro accidentes nucleares en uno. Un triple meltdown (fusión del núcleo), cuatro explosiones, varios incendios radiológicos que han diseminado una pequeña cantidad de radiación, y al parecer un muerto y varios heridos.
La explicación más sencilla: el tsunami cortó los sistemas de refrigeración del núcleo, con lo que se perdió el control sobre la reacción. A las puertas de la catástrofe, nada volverá a ser igual en la energía nuclear: si la tercera potencia nuclear del mundo ha sido incapaz de controlar el accidente, ¿cómo seguir confiando en la seguridad y limpieza que le atribuyen sus promotores?
Por de pronto, China suspende la construcción de nuevas centrales nucleares, y Alemania apagará provisionalmente 7 reactores nucleares.