
La FDA (Administración de Drogas y Alimentos de EE.UU) autorizó el pasado mes de febrero el primer tratamiento para reducir el riesgo de nacimientos prematuros, a base de inyecciones de un tipo de progesterona (caproato 17 alfahidroxiprogesterona) que se administran semanalmente entre las semanas 16 y 20 de embarazo.
Hasta aquí todo muy bien: un nuevo avance científico que mejora las condiciones del embarazo mediante un tratamiento preventivo.
Pero la historia cambia de color cuando conocemos la estrategia comercial que lleva el producto desde el laboratorio hasta la clínica. La empresa KV Pharmaceuticals, beneficiaria en exclusiva de la comercialización del tratamiento, cobra 1.500 dólares por dosis cuando esta misma se ha vendido durante años en farmacias de compuestos especiales por 10 dólares: a eso se le llama plusvalía y no las que se consiguen en los mercados financieros o en el sector inmobiliario.
La industria farmacéutica, una de las grandes defensoras del copyright, es un sector económico que tiende al oligopolio (25 empresas controlan cerca del 50% del mercado mundial) y especialmente próspero aún en estos tiempos de crisis. No es de extrañar, a la vista de casos como el de esta empresa KV Pharmaceuticals capaz de explotar un remedio conocido y compartido, en un negocio estratosférico en régimen de exclusividad. Conseguido además a cuenta de los dineros públicos: la empresa no desarrolló el medicamento invirtiendo en pruebas y ensayos sino a través del Instituto Nacional de Salud.
Enlace: Price of Preventing Premature Births Skyrockets (ABC News)