
No llega al nivel de Shrek pero comparte director con Shrek 2 (Kelly Asbury) y en general una parecida revisión iconoclasta de la literatura infantil con toda la saga del ogro. Solo que aquí el escenario se traslada de la selva apta para groserías al jardín británico donde la violencia se enmascara bajo una pátina de estética cursi.
La historia no va de ogros y asnos sino de gnomos reconvertidos en capuletos y montescos, con historia de amor imposible en ambos casos como motor y decorado. Más empalagosa en las aventuras de Gnomeo por estar empapado del espíritu Disney y la música de Elton Jhon, productor de la película. Shrek se salvó de una y otra influencia.
La película es entretenida, tiene buen ritmo y funciona como una eficaz batidora de estilos, registros, citas y géneros: todo nos resulta (cuando menos vagamente) familiar. Para todos los públicos incluido el gay, ya que hay un nivel de lectura para cada edad y cultura.
¿Original? También: nunca se me hubiese ocurrido desarrollar un argumento de amor, acción y combates en un escenario doméstico de gnomos de jardín.