Digamos que se llama Pedro. Pedro trabajaba hace unos añitos como doblador. Series, dibujos animados, largometrajes. La televisión de la comunidad autónoma reclamaba productos exclusivos, y Pedro trabajaba a destajo. Voces infantiles, macarras, emocionadas. Todo un repertorio de personajes que entraban en las productoras que lo contrataban hablando en inglés y salían hablando el idioma del país. Hasta que llegó la crisis, y los encargos empezaron a escasear. La televisión autonómica encontró formas más baratas de emisión en lengua propia: comprar el producto ya doblado. Así hasta que desapareció incluso la infraestructura. Los locales de doblaje quedaron vacíos.
Pero ayer apareció una oferta que ha vuelto a poner en marcha la maquinaria, aunque todavía a bajo rendimiento. Una empresa de doblaje de fuera se ha puesto en contacto con la de aquí para solicitar que les den una mano. No pueden con la demanda de pelis porno, y necesitan terciarizar su mercado, para poder darle salida y no perder proveedores. Venga películas porno, una tras otra, como rosquillas. A 30 euros por película y personaje.
Es poco pero al menos mantiene el engranaje del negocio. El porno nunca falla:
Cada segundo se gasta en pornografía 2.517 euros y 28.528 usuarios de Internet están viendo porno. En EE.UU la industria pornográfica de Internet mueve unos 2.300 millones de euros al año, y en todo el mundo unos 4.000 millones de euros. El 25% de todas las búsquedas que se realizan en motores de búsqueda están relacionadas con la pornografía. Eso son 68 millones de búsquedas diarias. El 35% de todas las descargas de Internet son pornográficas (vía El Boyaldía).