
Estoy harto de asistir a charlas, conferencias y clases (bueno, a lo mejor no he ido a más de diez: huyo de ellas como la peste) en las que el presunto orador habla a ritmo de PowerPoint, limitándose a repetir (generalmente mal) lo que ilustran las diapositivas. Estos speakers de pacotilla son conversos a la informática por obligación y aún a regañadientes y con mil escusas, pero han encontrado en este recurso un estupendo altavoz que disimula su incompetencia. Suelen ser personas con poca facilidad de palabra, escasa memoria y menos carisma (para comunicar se necesita un cierto punch personal) y, lo que es peor, se resisten a entrenarse. Escudados en su posición de catedráticos, ejecutivos, especialistas de algo o simplemente ponentes por encargo, ni se les ocurre apuntarse a uno de tantos cursos para aprender a hablar correctamente en público. Prefieren la comodidad y la seguridad que proporciona limitarse a ser lectores.
Por todo eso me ha parecido tan elocuente el gráfico de arriba, que Mark Goetz dice usar como wallpaper. Para quienes no tengan el gusto, Edward Tufte es un especialista en visualización de información y firme denostador de la moda de las presentaciones, incluso antes de que existiese: “PowerPoint es el diablo”.