
Leí hace unos meses la noticia del fallecimiento de un adulto obeso (creo que rondaba los 300 kilos) durante el traslado a la ambulancia que había acudido a recogerlo para llevarlo al hospital. Murió en el intento. Llevaba años sin salir de su casa porque físicamente era imposible (no pasaba por la puerta) y los técnicos que acudieron en esta ocasión para intentarlo invirtieron varias horas en conseguirlo, un tiempo crítico que aceleró la muerte del paciente.
Esto quizás no hubiese pasado si existiese un protocolo para estos casos, una logística que contemple todas las posibles complicaciones, desde el simple desalojo a la acomodación en la ambulancia.
Boston ha estrenado una ambulancia de este tipo, que incluye por ejemplo un elevador hidráulico y una camilla que soporta un peso equivalente a 400 kgs.
La nueva ambulancia responde a la necesidad de atender cada vez más traslados de enfermos obesos: un tercio de los adultos norteamericanos padecen obesidad. Y España no se queda atrás: es el segundo país de la Unión Europea con mayor porcentaje de niños (7-11 años) obesos o con sobrepeso.
La noticia, en Yahoo