Por descontado, sigue viva la blogosfera originaria: personal, desinteresada y distribuida. Lo mismo pasa con la fotografía, el cine, las artes plásticas y todos los géneros y formatos: a medida que evolucionan histórica y técnicamente se fragmentan en distintos niveles, que van desde el más avanzado al más tradicional. Hay sitio para todos.
Pero los blogs ya no son lo que eran, y no leas esto con carga nostágica. A los blogs fundacionales les siguieron las redes de blogs, de acuerdo a un planteamiento empresarial y frente a las que los blogs individuales quedan en desventaja (recursos, promoción, visibilidad). Después vinieron las redes, que se llevan gran parte de los enlaces y comentarios, por no decir el contenido que se sigue generando básicamente en medios tradicionales y blogs. Y ahora despega la nueva Internet móvil (Google como portavoz de esta nueva etapa desregulada) donde priman las aplicaciones sobre la web.
La red se recentraliza (nuestros datos están en Facebook y Google o en las Administraciones) y la discusión se convierte en adhesión (me gusta).
Todos estos cambios llevan a la profesionalización de la actividad blogueril, que a su vez genera una nueva forma de escribir. Hoy predomina el blog como producto sobre el blogger como sujeto, ya que este tiene que pluriemplearse para sacar adelante el sueldo, y ello implica una cierta homogeneización de la blogosfera. Los mejores o más prolíficos bloggers publican en distintos blogs y hasta en distintas redes de blogs.
Escenario competitivo en una sociedad competitiva. Paradoja: los intereses personales nos conducen hacia una blogosfera más impersonal.

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