
Al Capone y Hitler fueron personajes cariñosos en la intimidad. La mayoría de dictadores y criminales triunfantes son capaces de desarrollar una personalidad pacífica y responsable en el ámbito familiar, o sea que nada nuevo al topar con estas imágenes de un Bin Laden casi venerable con pinta de ermitaño o jubilado que pasa sus horas de ocio frente a la tele contemplando vídeos caseros.
Uno ve al Pinochet que salía en silla de ruedas del tribunal rodeado por el amor de la esposa, hijos y nietos, tal cual un honorable patriarca, y empatiza con él.
La terrible paradoja que escinde la ética y los sentimientos de estos personajes no es nueva en la historia. Bin Laden, Pinochet o Goebbels estaban en guerra contra un enemigo peligroso y se limitaban a asumir su rol de líderes de una causa justa: defendían a los suyos (su pueblo, su país, su religión, su familia) de los agresores.
¿No ha sido este el planteamiento durante siglos de los militares profesionales y los ejércitos regulares? El general que nos llevó a la victoria fue un héroe, y lo mismo cuantos combatieron de nuestro lado.
Conozco algunos militares y puedo asegurar que algunos son más bondadosos que algunos profesores o médicos que también conozco.
La lógica de la guerra que durante siglos ha formado parte obligada de nuestra cultura ha impuesto esta dicotomía. La misma que se aplica a todo un Premio Nobel de la Paz ordenando la ejecución de un activista al parecer indefenso.
¿Veremos algún día una Humanidad sin guerras ni ejércitos ni profesionales de la muerte? No lo creo.
Y todo esto en el caso de que realmente sea auténtica la versión del asalto y la ejecución de Bin Laden, como final de la venganza anunciada el mismo día del 11-S por el presidente Bush. Algunos analistas consideran que EEUU ha vendido a la opinión pública (incluida la de su propio país) una gran mentira, como excusa para justificar su invasión de Irak, Afganistán y pronto Siria e Irán. Según estas teorías, no hubo atentado terrorista de Al Qaeda sino una explosión organizada por la CIA, y Bin Laden habría muerto hace 10 años consecuencia de una crónica insuficiencia renal.