
Esta es la impresión que me da cuando leo que el navegador social por definición abandona el motor Gecko (en que se basa Firefox) por Webkit (el de Chrome y Safari). Dicho en otras palabras, Flock ya no usará Firefox sino Chromium (ambos, de código libre y por tanto reutilizables).
Y llega tarde sobre todo por dos razones, y dejo de lado la penosa impresión de que la beta del nuevo Flock sólo esté disponible para Windows: una costumbre que Opera finalmente ha corregido con la última versión recién publicada, 10.60 beta
1. Las redes han entrado en los navegadores. Un amplio catálogo de widgets permite compartir, afiliarse, identificarse, comentar… en los sitios y blogs. Las redes tienen los usuarios y son ellas las que colonizan los blogs y webs, no al revés. En este sentido, todos los navegadores son sociales.
2. La oferta de navegadores está saturada. El ascenso de Firefox en los últimos dos años y la salida fulgurante de Chrome, ambos sustentados en fundaciones o marcas potentísimas, apenas deja nicho a otros candidatos, a no ser que estén asociados a un determinado ecosistema como pasa con Safari.
La web ha evolucionado muy rápidamente y Flock ya no es el pionero que fue (casi dos años de su versión 2.0, toda una eternidad en tiempo de Internet). Su cambio a un motor más ligero le ayudará a mantenerse entre sus fans, pero no creo que sirva para atraer nuevos usuarios. Hoy el presente pasa por WebM, soporte HTML5 y otras batallas ajenas a lo social porque esta dimensión, mal que bien, ya existe de serie.



