
Y cito a Bauman por no referirme también a Alain Touraine o Amin Maalouf. Una escueta nota biográfica neutralmente elogiosa en los medios, que contrasta con el despliegue entusiasta en torno a la presencia de la roja. Que si irá alguien del Barça o del Madrid, que si Mou y Guardiola son dos entrenadores extranjeros que no saben valorar la gesta de España, que si Del Bosque ha dado una nueva lección de modestia al hacerse acompañar por Luis, que si este equipo resume lo mejor de la nación, que si estos chicos son el mejor ejemplo al que agarrarse para contemplar con optimismo el futuro de España.
Y no sigo porque te supongo enterad@ de la trascendencia otorgada a la selección española de fútbol con ocasión de la ceremonia de entrega de los Premios Príncipes de Asturias. Unanimidad absoluta en titulares y cobertura informativa.
Nada que hacer frente a este discurso patriotero. Bauman, este vejete con pinta de abuelo entrañable, ha tenido el honor de compartir escenario con los chicos de la roja.
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Bauman y la roja
Sindicatos sólidos para una economía líquida

La huelga de mañana no es sólo una manifestación en contra de la política neoliberal del Gobierno sino también un test sobre la propia identidad de los sindicatos en estos tiempos postmodernos de desmovilización. Una prueba que se saldará sin resultado objetivo como suele pasar: para los sindicatos convocantes será un éxito, para Gobierno, PP, empresarios y demás agentes contrarios será un fracaso: ventajas de las estadísticas, que se interpretan a gusto del usuario, como acabamos de comprobar en las elecciones legislativas de Venezuela.
Pero ahí están los sindicatos intentando el aggiornamento que no ha podido ni querido hacer la Iglesia católica desde que lo pusiera en marcha Juan XXIII con el Concilio Vaticano II: las organizaciones verticales burocratizadas de acuerdo a un modelo autoritario (lo son las iglesias pero también los sindicatos a pesar de su formalismo democrático, lo mismo que los partidos políticos) han sido superadas por una economía financiera y globalizada mucho más ágil en la ejecución de sus estrategias. El capitalismo postmoderno ha fragmentando y terciarizado el mercado de btrabajo mediante una cadena de subcontrataciones deslocalizadas de difícil seguimiento, al mismo tiempo que ha aumentado el paro (un dato estructural: ya nadie aspira a eliminarlo) y precarizado el empleo. Con esta fragmentación, ¿cómo organizar el movimiento sindical, que exige estabilidad y masificación para culminar su proceso de representatividad y de toma de decisiones vía asamblearia? Cuando el sindicato del sector decide una estrategia para tal empresa, esta ya hace dos meses que ha cerrado para reconvertirse en otra bien distinta no se sabe si en manos de los mismos inversores.
El capital postindustrial se ha hecho líquido: cambia de forma y se adapta a la geografía a velocidades cada vez más vertiginosas. ¿Cuántos miles de millones de dólares o euros se mueven en el mercado financiero global en sólo unas horas? Por contra, los sindicatos siguen fieles a un formato surgido en la economía industrial de grandes corporaciones y empresarios reconocibles.
La huelga de mañana es anecdótica desde una perspectiva conceptual. Al margen del seguimiento que consiga, lo importante es si el sindicalismo será capaz de redefinir su identidad y su mecánica: ¿cómo defender los intereses de los trabajadores en una economía globalizada en cambio permanente y una fuerza laboral fragmentada y débil?
De aquello del proletariado y su misión histórica revolucionaria ya nos olvidamos hace tiempo
(Imagen tomada de Monsieur de Villefort)
El cuerpo permanece, lo demás se desvanece

Curioso el proceso que se está dando: el cuerpo se está convirtiendo en la única referencia de estabilidad (incluso con una pizca de eternidad) en un mundo donde el cambio es cada vez más sistemático y acelerado. El consumo y la moda imponen un ritmo de sustitución (de ropa, de decoración, de gadgets, de coche, de todo) y el crecimiento económico imparable transforma ciudades y paisajes: nada se parece a como era hace 50 años, y pronto los escenarios domésticos, urbanos, culturales… completarán su ciclo en muchos menos años.
Paralelamente el cuerpo humano alarga su ciclo. Rejuvenecedores de todo tipo y una ideología de lo juvenil nos empujan a mantenernos en forma durante más años. Las señoras que hace unas décadas parecían viejas a los 50 hoy son mujeres de buen ver. Con la esperanza de aumentar más y más esta prolongación con la ayuda de la biotecnología: el cuerpo físico se está convirtiendo en la única realidad que tiende a perdurar, en contra de la forma clásica de entender el mundo cuando las cosas (los objetos, el paisaje, las instituciones) eran sólidas y durables mientras los hombres eran frágiles (mortalidad infantil, epidemias)
El culto al cuerpo no sólo tiene que ver con una ideología hedonista o con el individualismo imperante. Es también la expresión de una nueva realidad. Mientras todo se renueva y deshace a nuestro alrededor (las parejas, el trabajo, la moda) el cuerpo se convierte en refugio. Es la mayor seguridad, la más constatable, en un mundo que cambia vertiginosamente. Por eso hay que cuidarlo y mimarlo. Del gimnasio y las dietas al piercing y los tattoos.