
He aquí el juego que hubiese entusiasmado a Jean Baudrillard, filósofo y ensayista investigador de la hiperrealidad y el simulacro: la copia como sustituto de la realidad. Seguramente no hubiese jugado a granjero virtual en Facebook pero le hubiese servido como ejemplo canónico de esta subversión ontológica asumida además de forma lúdica y masiva.
Si declarar que Dios ha muerto le costó a Nietsche la exclusión social y la locura, el asesinato de la Realidad (la transmutación de urbanitas recalcitrantes en granjeros compulsivos) se convierte en un éxito comercial. Para que después digan que no existe el progreso: 80 millones de ciudadanos son capaces de controlar su esquizofrenia sin ningún tipo de secuela.