Estos días de vacaciones y viaje me conecto con un portátil al que enchufo el módem ONO que dice ofrecer “banda ancha móvil”. En realidad, 7.2 Mbps, una velocidad que casi me retrotrae a los tiempos heroicos de los 54 Kb (y menos) por segundo.
Supongo que el contexto de estos días me ha hecho recibir con interés especial el anuncio de Time Warner (vía Slashdot): 150 dólares mensuales por disponer de banda ancha ilimitada. Una oferta que suena disparatada en estos tiempos de recesión y que además desafía nuestro imaginario, afectado por la conciencia sostenible.
¿Es imposible, cuando menos, una conexión universal tan rápida que no existan esperas ni retrasos, o que la descarga de una película no exceda de uno o dos minutos, o que cualquier visionado por streaming no sufra interferencias ni cortes…?
La industria tendrá que plantearse abrir el grifo de la banda ancha si quiere convertir Internet en plataforma para la comercialización de películas en alta definición. Pero, ¿cuánto exigirán telecos e ISPs?
El peor (¿y el más probable?) de los escenarios posibles es el de una oferta diversificada con grandes brechas, que en la práctica acerque Internet al modelo de la red no neutra.
Banda ancha ilimitada, sí, pero para los habitantes del Primer Mundo.