
Cuando se creó (1963) el código ASCII, los norteamericanos no imaginaban un mundo globalizado como el implantado por la nueva economía ni un sistema de comunicación planetario como es Internet, y por eso este sistema de codificación se limita a 7 bits: un total 128 valores numéricos que equivalen a sendos caracteres (imprimibles o no)
Pero este repertorio resulta insuficiente cuando hay que manejar idiomas distintos al inglés. Y no me refiero sólo a la ñ o la ç sino a los acentos. En inglés hay una sola a pero en otros idiomas puede haber hasta cinco distintas según cómo se acentúe.
De ahí la necesidad de ampliar el código ASCII de 7 bits, que durante años se extendió a soluciones de 8 bits (256 caracteres) como ISO-8859-1 que abrían la informática a otros idiomas occidentales ajenos al inglés, incorporando 128 “caracteres especiales” (vocales acentuadas y algunos otros signos)
Hoy día se usa el sistema Unicode (hasta 32 bits), que resuelve definitivamente la codificación de cualquier lengua, viva o muerta, del repertorio de la Humanidad.
Pero la inercia anglosajona todavía se da en la red. Hasta hace muy poco, por ejemplo, no se aceptaban dominios que contuviesen algunos de estos “caracteres especiales”.
Twitter, lo mismo. Hasta ahora no funcionaban en los hashtags (las etiquetas que destacamos en nuestros tweets identificándolas con el signo # al principio con la intención de hacerlas más fácilmente indexables)
Un absurdo ya corregido casi por completo, en un escenario como el actual en que Twitter ya no habla de forma mayoritaria en inglés. Y ahora, con los hashtags normalizándose, ya habla más español.
Vía IncubaWeb


