
Los gatos, como el león y el resto de felinos, tienen espinas en su pene para rasgar la mucosa de su vagina y favorecer la ovulación de las hembras al penetrarlas. Los roedores y los primates comparten esta característica, que sin embargo no conserva la raza humana.
La bióloga Gill Bejerano (Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford) y un equipo de científicos han investigado esta diferencia, y han publicado sus conclusiones en la revista Nature: el pene humano también tenía pequeñas espinas como tienen actualmente los chimpancés.
Esta diferencia se corresponde con un fragmento de ADN eliminado durante la evolución humana, causante igualmente de la desaparición de los bigotes sensoriales y del aumento del cerebro.
Por otra parte, humanos y chimpancés compartimos el 97% del ADN.
Enlace: Human-specific loss of regulatory DNA and the evolution of human-specific traits (Nature)


El doctor Andrew Morley y el compositor Michael Zev Gordon han convertido el código genético humano en partitura musical, asignando una nota a cada una de las cuatro bases nitrogenadas mayoritarias que están en el ADN: adenina (A), citosina (C), guanina (G) y timina (T)
Recuerdo algunas anécdotas protagonizadas por el genio del ajedrez cuando visitó hace ¿30?, ¿40? años Palma de Mallorca, donde concedió unas multitudinarias simultáneas. Estaba jugando y de repente se levantó, cogió un periódico y tapó las piernas de una espectadora joven sentada en las primeras filas del público. O el plato rebosante de patatas fritas que exigió en plena exhibición.
El químico israelí Dr. Michael Gozin (imagen de la derecha), de la Universidad de Tel Aviv, investiga conjuntamente con la Fuerza Aérea de los EE.UU la bioquímica de los componentes del sudor humano, como un nuevo tipo de identificación individual.