Poco queda del furor mesiánico exhibido por Apple, que además había ido en aumento. Desde su clásica negativa a abrir la App Store (todas las aplicaciones deben pasar el filtro de su aduana, que puede durar meses) al rechazo a cualquier tipo de liberación: la práctica del jailbreak supone la pérdida de garantía, la expulsión del paraíso. Y últimamente, la reivindicación militante de una informática asexuada (“si quieren porno, que compren Android”), el desprecio a Flash (“inseguro y anacrónico”) o la condena a muerte del ordenador de escritorio (“la era del PC ha muerto”)
Claro está que sus balances millonarios resultan un buen colchón pata tales actitudes de superioridad.
Pero parece que el realismo vuelve a su casa tras estos meses de furia. Por ejemplo, acepta la presencia de plataformas publicitarias ajenas a la suya en sus aplicaciones, de forma que Google AdMob podrá estar en sus aplicaciones móviles. Y la misma puerta de App Store se abre a Adobe al permitir herramientas de conversión para que Flash sea finalmente compatible con iPhone.
Todo lo cual nos deja perplejos. ¿Tanto nadar para morir en la orilla?
Imagen: Tecnoflash