Tenían que ser Cuatro y La Sexta (las dos, “progres” y pequeñas) pero la sogecabledependencia y los malos tiempos de Prisa han aconsejado a Roures (el más listo de la clase, y si no al tiempo) mirar hacia una cadena con menos problemas para desarrollar sus planes de expansión.
La operación financiera nos resulta ya familiar en estos tiempos de recesión que empujan a la concentración empresarial, y busca posicionarse mejor en el nuevo mercado de la TDT. La fusión capitalista no implica cambios en la identidad de ambas cadenas, que seguirán programando y emitiendo como si nada. O casi.
El rumor fue meneado ya en marzo, pero entonces nadie lo dio por bueno.
La noticia, en El Mundo