
El conflicto viene de atrás: ya el agosto pasado 8 senadores de EEUU advirtieron a Obama sobre el posible riesgo para la seguridad nacional que suponía la venta de equipamiento de Huawei al operador norteamericano Sprint Nextel.
Recelos políticos entonces (Huawei vendía a Irak de Sadam, y el fundador de la compañía china había formado parte del Ejército Popular de Liberación), estrategia descaradamente comercial ahora.
La rivalidad entre las dos primeras potencias económicas del mundo enfrenta un gigante en recesión con otro en auge, y produce tal paradoja: el líder del (neo)liberalismo se acoge a medidas proteccionistas para evitar la libre competencia.
Impide al fabricante de hardware Huawei entrar en el mercado norteamericano, al frenar la compra del operador 3Leaf anunciada por el fabricante chino el pasado mayo mediante actuaciones disuasorias de la administración Obama y el Comité de Inversión Extranjera, que han llevado a Huawei a retirar sus planes de compra y expansión en el mercado estadounidense.
La reacción oficial del gobierno chino no se ha hecho esperar, acusando de obstruccionismo a la política de EEUU: “El bando estadounidense ha usado todo tipo de excusas, incluida la seguridad nacional, para implicarse en la obstrucción e interferencias en las actividades comerciales y de inversión de los negocios chinos en Estados Unidos”.
La historia no es nueva: en 2007 Huawei intentó comprar 3Com a través de Bain Capital, pero los mismos prejuicios regulatorios frenaron finalmente la operación. 3Com fue comprada por HP para alivio del mercado norteamericano.
