
Adiós a la tele de siempre, bienvenida la TDT a España:
“En el día de hoy, España culmina un proceso que supone un cambio histórico y nos sitúa como uno de los países líderes de Europa y el mundo. Somos un país digital” (Francisco Ros, secretario de Estado de Telecomunicaciones y para la Sociedad de la Información)
En la UE, ya han culminado el apagón analógico Alemania, Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo, Holanda y Suecia, y el resto de países deberá hacerlo antes del 1 de enero de 2012: España se ha adelantado pues más de año y medio a la fecha tope, y en esta diligencia tiene mucho que ver el gobierno de ZP.
Un gobierno empeñado en una política progresista en lo social y lo tecnológico, pero aquejado de una perspectiva cortoplacista y aún provinciana, común por otra parte a buena parte de una clase política profundamente inculta en materia tecnológica.
Nos ha querido vender la TDT como una panacea y sinónimo de la televisión de futuro.
Y aunque es cierto que la nueva televisión digital mejora la gestión de la señal y aporta una mínima interactividad, al tiempo que multiplica el espacio radioeléctrico posibilitando la creación de nuevos canales (hasta un total de 32 en el ámbito estatal), no es menos cierto que esta fragmentación de la audiencia abre importantes interrogantes provocados por el descenso de audiencia y la bajada de precios publicitarios.
Pero la TDT es una tecnología obsoleta en comparación con Internet, una plataforma versátil que permite la redistribución y por su propia naturaleza es interactiva. La banda ancha es el futuro inmediato, por mucho que los grandes holdings audiovisuales se empeñen, con la complicidad de políticos y gobernantes, en prorrogar un modelo televisivo basado en la pasividad de un público cautivo.