
Por primera vez desde que TVE eliminó la publicidad para hacerse más pública que la propia BBC (casi u año ya), no lidera el ranking de audiencia, que vuelve a Telecinco.
Poco nos ha durado la austeridad: queremos basura, sangre, lágrimas, mierda. Hemos pasado once meses con el síndrome de abstinencia pero Vasile sabía que pronto regresaríamos a la droga dura y ha seguido vendiendo rupturas e insultos, reconciliaciones y famoseo de quinta categoría a la puerta de los colegios para que las mamás se reenganchasen de nuevo. Y las abuelas y los tíos y los papás y los chicos y las chicas. Cada vez más adolescentes (de estos que se pasan las tardes solos en su casa porque sus viejos trabajan) se enchufan a Sálvame versión laborable, en vez de estar peleando con los libros y los deberes.
Y Telecinco celebra su regreso al podio del pueblo con un bombazo. Después de sacar el jugo a la princesa del pueblo (operación de cirugía estética incluida) durante dos años ahora ficha a la viuda de España- Los dos máximos iconos del olimpo mediático reunidas en la cadena. Belén Esteban y la Pantoja, ahí es nada.
Isabel llega en olor de multitudes y con el morbo subido de tono. No solo la orbitan Macaya, Paquirrín, Julián Muñoz y los tribunales, también está en los platós de Tele 5 (¿o todos son el mismo?) Mila ex Santana, y aprovecho para destacar la importancia de la categoría ex en la galería de famosos. Si ustedes se fijan todos son ex: la ex de Chiquetete, la ex de Jesulín, la ex de Santana y Encarna Sánchez, el ex de Gran Hermano, el ex de Coto: suplantaciones, residuos, reflejos. En fin, apoteosis de este gusto tan postmoderno por el simulacro.
A lo que iba: Mila, diva del star system de Tele 5, tendrá que cohabitar con la Pantoja, flotando a su alrededor el largo contencioso que las enfrenta por mor de sus relaciones juveniles con la que fuera reina de la radio española Encarna Sánchez. Quizás para reforzar la figura de la recién llegada la cadena ha fichado a Chelo García Cortés, la periodista amiguísima de Isabel, que ahora ya no tendrá que defenderla y alabarla en Antena 3.
Telecinco nos ha salvado del zapaterismo, esta religión aburrida que además se ha hundido con la crisis de la economía global y el paro español. La televisión como refugio y escape, como fuga. Fíjense: en los platós (¿son todos el mismo?) de Telecinco sigue habiendo color y glamur de quinta categoría, este que está tan cerca del pueblo, de la España real que ningún político se atreve a regular.