El restaurante japonés donde comemos de vez en cuando sirve un wasabi cada vez menos picante. Y no es que haya entrado en la espiral de la historia que te hace suspirar lamentando que ya nada es lo que era. Es que también el wasabi está entrando en la era postmoderna, esa que impone un exotismo sostenible, una intensidad homologada.
Lo étnico también debe pagar su peaje de integración y adoptar pautas compatibles con una estética global. Pizza, kebab, hamburguesa, chino: todo debe tender a ser parecido.
Frente a la alta cocina (Bocuse, Adrià…) que mantiene vivo el lujo de una gastronomía elitista, la llamada comida basura está orientada a todos los públicos. Comer cualquier cosa en cualquier sitio a cualquier hora: fast food.
Y la comida japonesa, tan sobria y elegante, también se incorpora a esta oferta masiva. Para ello suaviza gustos y estandariza platos hasta convertirse en un sucedáneo.