
Resulta que Mladic (general del ejército serbio, insiste) está enfermo, muy enfermo. Como lo estaba Pinochet cuando empezó a ser requerido por los tribunales. Los genocidas y torturadores desarrollan una curiosa tendencia al victimismo cuando son finalmente localizados y juzgados: su salud suele estar quebrantadísima, de forma que su detención es casi un atentado.
Mladic dice además que necesita mucho tiempo para leer todas las acusaciones. Lo mismo que otros ex dictadores cuando son interrogados y tienen la oportunidad de contar al mundo las razones y méritos de sus acciones: de repente se vuelven lentos y muestran una infinita paciencia que nada tiene que ver con la contundencia expedita con la que actuaron cuando exterminaron y masacraron a la población civil, amparados en la impunidad de su poder personal ilimitado.
¿Dónde está aquel valor, aquel arrojo, aquella temeridad bendecida por Dios o la patria que los hacía ajenos al dolor y a la enfermedad? ¿Qué quedó de aquella expresión decidida convertida ahora en afable imagen de viejecito indefenso?
Qué patético resulta verlos abrazados a la legislación que ampara los derechos humanos, la presunción de inocencia, la dignidad de los acusados y el derecho a un juicio justo.
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4 jun 11 at 11:30
Pobrecitos esos ancianos enfermos, qué impiadosos somos los que exigimos justicia por la comisión de delitos de lesa humanidad… Afortunadamente hay mucho material audiovisual que muestra a los genocidas locales (Argentina) en el esplendor de su hijadeputez, cuando no eran estos viejos que no se arrepienten de nada y afirman que volverían a hacer exactamente lo mismo. Ahí tenemos al pobrecito Patti, cobarde asesino que se muestra en estado casi mortuorio cuando tiene que asistir a los juicios por los que está imputado (el resto del tiempo goza de excelente salud), a quien podemos ver en archivos de hace 35 años, pregonando el exterminio de los “subersivos” comunistas.
Las madre y abuelas de Plaza de Mayo son ya ancianas, dignísimas, que hasta hoy recorren infiernos para que nunca más nos roben a nuestros chicos, nos torturen, nos asesinen y no sepamos dónde están los cadáveres de nuestras familias y compañeros por oponernos a las vejaciones del fascismo.
Juan
4 jun 11 at 14:35