
La Luna llena de este fin de semana ha coincidido con la máxima aproximación del satélite o perigeo: lo hemos tenido a solo 356.577 kilómetros de la Tierra, como nunca había estado de cerca (unos 30.000 más de lo habitual) en los últimos 18 años: ha sido por tanto la mayor luna llena que hayamos podido ver durante estos años, hasta un 14% más grande y un 30% más brillante.

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Esta aparente variación de tamaño se produce en ciclos de 18 años y se debe a que la órbita de la Luna es elíptica y su centro no se corresponde con el de la Tierra.
A pesar de su espectacularidad, no tiene ninguna influencia en maremotos, tsunamis ni demás cataclismos.