
(Imagen: Rankia)
Me desayuno con el artículo dominical de PedroJota Españoles ejemplares (accesible en la red sólo si lo compras o eres suscriptor de Orbyt), dedicado a reivindicar un nacionalismo moderno basado en la razón y un egoísmo saludable, necesario para sobrevivir en este mundo glogal.
Según este concepto de nuevo cuño, habría un nacionalismo positivo (el español por ejemplo; mejor dicho, el de una determinada España) frente a un nacionalismo negativo (el catalán, por ejemplo, definido en el artículo como segregador y separatista)
Los nacionalismos racionales (reflexivos, en la nueva terminología) tienen, por mismo, derecho a su galería de personajes ejemplares, admirables por cuanto sintetizan las virtudes de la nación a la que contribuyen a cohesionar y engrandecer, desde del Bosque al mismo periódico El Mundo.
Los nacionalismos irracionales no tendrían derecho a nada de todo esto. Curiosa forma de juanpalomismo que se convierte en juez y parte de una polémica liquidada aquí por la vía rápida, que ignora cómo los nacionalismos emergentes, residuales o reivindicativos (aquellos que por ejemplo carecen de Estado) tienen igualmente su galería de personajes ejemplares, reconocidos y venerados por sus respectivas comunidades.
Y que ignora sobre todo una realidad más contundente e irreversible. La nación es un concepto caduco que se encuentra al final de su ciclo histórico, y que sigue activo en los parlamentos de quienes se oponen al mundo globalizado como si este fuese un enemigo apocalíptico o una patología que hay que combatir.
El discurso religioso declinó hasta casi desaparecer en el mundo occidental, científico y democrático. Pero también declina el discurso ideológico, sustituido por el discurso científico-tecnológico, ajeno al concepto de nación y Estado, y por el discurso económico, auténtico motor de la globalización.
Los diarios siguen refiriéndose a Repsol como empresa española después de que CEPSA haya sido comprada íntegramente por el fondo IPIC de Abu Dabi. O el Málaga sigue siendo un equipo español de fútbol aunque sea propiedad de un jeque árabe: retorcimientos del lenguaje, que sigue apegado a una retórica anterior a la era Internet.