¿No era el cine una fábrica de sueños? Pues justamente en los sueños está descubriendo el mejor argumento para salir de su larga crisis de identidad. Todo lo que metaversos como Second Life no han conseguido (todavía) popularizar de forma masiva lo está consiguiendo el cine, de Matrix a Inception pasando por Avatar. Con una definitiva diferencia en relación al invento de los hermanos Lumière: el cine clásico nos abducía en sus historias y personajes como si se tratasen de un sueño, mientras que ahora son las propias historias y personajes quienes forman parte de un sueño. Y si antes salíamos de la sala de cine con la impresión de despertar de un sueño, ahora lo hacemos acompañados por los sueños de los protagonistas.
Inception riza el rizo, virtuosismo obligado para una réplica de Matrix que aspira a superar la saga: se llega hasta el tercer nivel. Un sueño dentro de un sueño que a su vez transcurre dentro de otro sueño.
Un peliculón, visualmente fascinante y con ráfagas de acción entre Tom Cruise y Indiana Jones. Actores flojitos (di Caprio es la cuota artística que funciona como excepción; por su parte Michael Caine no pasa del precalentamiento) como corresponde a la necesidad actual de no despistar la atención del espectador en aspectos tan poco comerciales como es el trabajo actoral. También la banda sonora está al servicio de un clímax permanente que evita por tanto sutilezas musicales.
Argumento infantiloide con momentos dignos de Van Damme o Schwarzenegger, revestido de densidad parapsicológica y mantenido con buen ritmo. Frenético, sin descuidar algunas cuñas románticas o introspectivas por aquello de alternar tensión /distensión.
Película postmoderna en fin, por cuanto despliega una geografía globalizada (magníficos los escenarios) y se estructura en torno a la dimensión de la hiperrealidad o del simulacro (Baudrillard), esta dialéctica inquietante que juega con los límites que separan -o no- la realidad de lo imaginario o impostado, en este caso soñado, y que nos remite a la confusión social en que vivimos como consecuencia de la desregulación internacional de los mercados hace casi 40 años: ¿alguien sabe quiénes son los mercados financieros y por qué se han tenido que recortar sueldos, pensiones y todo aquello que todavía forma parte de la seguridad garantizada por un estado del bienestar hoy en descomposición?
Referentes, muchos. A mí me ha devuelto a La escalera de Jacob, salvando tantas distancias. Más evidentes, la arquitectura (más bien urbanismo) imposible de Eschner visitada por una Alicia que traspasa el espejo. Ahí están también Romeo y Julieta (recordemos: Shakespeare, el gran genio de los espejismos y equivocaciones, un tema tan barroco, ¿cómo no citar La vida es sueño de Calderón?). Lo más flojo, el imaginario psicoanalítico: buscar / matar al padre, de un simplismo acorde con la resolución gratificante de la película. Obligada, si es que estaba programada para convertirse en un taquillazo. Lo será, sin duda, pero no desbancará a Matrix como película de culto.


El 1er premio, por gentileza de Viatges Tramuntana: Estancia para 2 personas en un hotel 3 * de Mallorca. Incluye una Pensión Completa (entrada un sábado con cena y salida un domingo con almuerzo) cualquiera de los fines de semana de Septiembre, Octubre y Noviembre del 2010
Aunque la nota necrológica destila autocompasión y la satisfacción del deber cumplido, Wave lleva tiempo (¿desde siempre?) metido en el frigorífico. Simplemente, no ha funcionado. No ha interesado a una comunidad fiel a la marca Google, que en la mayoría de ocasiones ni siquiera ha entendido de qué iba el invento. Demasiado tarde para explicarlo: Google Wave no será aquella plataforma de comunicación total que debía absorber a las demás.


Telefónica se hace con el 90% del capital de Tuenti a cambio de 