Seguimos vinculados a imaginarios que la realidad ha dejado atrás (ya lo dijo Marx: “la economía avanza más rápido que la ideología”): la familia nuclear, el Estado-nación, los medios autorizados y centralizados (El País, Wikipedia…) que combinan la verticalidad de las iglesias con la horizontalidad de la democracia formal. Todavía somos hijos del universalismo teocrático por parte de padre y de la revolución burguesa por parte de madre.
Sin embargo, la sociedad postmoderna en la que vivimos (ya más de 30 años) ha popularizado otras formas de conocimiento y relación, de ahí el fracaso escolar estructural ante el que los expertos hace tiempo que huyeron hacia regiones académicas (congresos, ponencias, proyectos políticos difusos) sin compromiso con el aula. Los profesores, los libros de texto y los currículos van por un lado (aprendizaje homogéneo unidireccional basado en el principio de autoridad), los chicos por otra.
La realidad es hoy globalizada y transnacional como las grandes empresas que se crean y se mueven al margen de las fronteras de unos Estados cada vez más vaciados de poder real. Como globalizada y transnacional es Internet: ¿qué me importa si mi navegación pasa por servidores de EEUU, India, México, Berlín, Hong Kong y Canarias?
Paradójicamente, la precarización laboral generada por décadas de economía neoliberal corre paralela a la lógica de la abundancia característica de Internet, una red distribuida formada por miles de nodos que se multiplican hasta el infinito. Se diluye la frontera que separaba emisor y receptor, y la facilidad e inmediatez de publicación (abrir un blog o darse de alta en una red social es cosa de niños) descentraliza el flujo de información, que es disperso, fugaz y multicanal porque puede reproducirse fácilmente en cada vez más dispositivos y formatos.
Esta realidad ha dado lugar a formas y estrategias culturales nuevas. Lo que conocemos como fusión, mestizaje. Pop-rock , flamenco-jazz y mil fórmulas musicales más, en que los distintos estilos se mezclan en soluciones propias. También ha creado una nueva forma de relato, el transmedia. Transmedia tiene que ver con crear pero sobre todo con difundir: ¿por qué limitarnos a expresar una idea artística en un solo medio? Lo cual no implica replicar sino plantear un producto específico adaptado a cada uno de los medios o canales: vídeo, grafismo, cine, blog, publicidad…
Entregado a la comunidad de forma que pueda hacérselo suyo mediante mil formas de remezcla, algo que la industria discográfica y audiovisual (explotadores de un mercado basado en la lógica de la escasez) está empeñada en prohibir y perseguir en nombre de los cansinos derechos de autor.
Lo cual rompe con el imaginario clásico, centralizado y sacro. Todavía muchos líderes políticos se presentan como enviados de Dios (y no pienso sólo en regímenes islamistas sino en EEUU y otros países occidentales), y muchos artistas (sobre todo en pintura o literatura) funcionan como genios tocados por algún tipo de inspiración exclusiva.
Enlaces:
Noticias Transmedia
Embed: Generación transmedia
Indianopedia: Postmodernidad
de Ugarte: Universalismo, nacionalismo y postmodernidad