Tanto es así que restaurantes (sic) de comida rápida de Taiwan están retirando estos macmenús basados en hipermegahamburguesas que se salen de la foto y apenas caben en mordiscos de campeonato: el profesor Hsu Ming-lung, de la Universidad National Yang-Ming ha denunciado los numerosos daños registrados en mandíbulas de pacientes como consecuencia del esfuerzo por meterse en la boca hamburguesas con grosores superiores a los 8 cm.
Y la anécdota (más bien síntoma postmoderno de la nueva barbarie alimenticia) me recuerda otra de signo personal. Me contaba mi madre de un hombre que tuvo que ser operado por reír demasiado al dislocársele la mandíbula. Y además me lleva al más riguroso presente: mientras escribo este post, mi hija pequeña devora en la tele un capítulo de Bob Esponja, repleto como todos de burguer cancreburguers.
Lo mismo que la Iglesia se preocupó en sus tiempos dorados de fidelizar usuarios a base de infiltrarse en su infancia (bautismo, primera comunión…), lo mismo hacen los grandes proveedores de comida rápida (casi una religión): ahí están los parques infantiles integrados, los juguetes de regalo como gancho, el payaso Ronald McDonald, los happy meal… y toda una sibilina estrategia de manipulación informativa y penetración en los comedores escolares de EEUU, tan bien documentada en el ya clásico documental Super size me (lo tienes en YouTube, subtitulado en español y dividido en 10 partes)
Fuente: BBC News
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10 jul 10 at 20:47