La Federación de Distribuidores Cinematográficos (Fedicine) echa un pulso al Parlament catalán negándose a colaborar en el doblaje de algunos estrenos norteamericanos (unos 30-35 al año) al catalán como venía haciéndose, en protesta contra la nueva ley del cine aprobada por casi unanimidad en el Parlament anteayer 1 de julio y que obligará a partir del año que viene a que la mitad de películas extranjeras estén dobladas o subtituladas en catalán.
La reacción de Fedicine, representante de los intereses de las majors norteamericanas se completa con el vaticinio de que dejarán de doblarse películas. A la industria de Hollywood puede no interesarle distribuir sus estrenos en estas nuevas condiciones, que además abre las puertas a mayores exigencias: ¿qué pasaría si las otras dos comunidades con lengua propia exigen una cuota semejante?
De esta forma, se rompe un “pacto de caballeros” (así lo define Fedicine) entre Govern, distribuidores y representantes de las majors. Se acaba un periodo de equilibrios y ambigüedades, y se inaugura otro con una declaración bien diferenciada de intereses, que (y esta es mi impresión) irá derivando hacia un nuevo pacto en que se acercarán los intereses económicos con los planteamientos administrativos.
Es un buen momento para recodar que España (también Catalunya) es uno de los países con menor competencia lingüística en inglés de toda Europa, y que el sistema escolar finlandés (líder mundial en mediciones de rendimiento escolar) valora positivamente el hecho de que allá el cine y la televisión no emita series o películas dobladas, facilitando así la inmersión natural en otros idiomas, básicamente el inglés.
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3 jul 10 at 12:00