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internet y pos(t)modernidad


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El orgullo de la roja

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Me quedé un buen rato con el documental que dedicó TVE a los 100 años de la roja, una vez acabado el partido contra Polonia. El título habla bien claro del planteamiento: El alma de la roja.
Digamos de entrada que esta especial atención mediática que provoca desde hace un tiempo la selección española de fútbol tiene que ver con dos motivos. Uno, el buen estado de forma y resultados, tal como atestiguan las estadísticas y la referencia del europeo ganado en 2008. España gana, gusta y convence. Dos, el efecto terapéutico en un país y un gobierno en crisis, que tira del prestigio de la roja como salvavidas: el pan y circo es casi una cuestión de supervivencia frente a los casi 5 millones de parados.

Vuelvo al reportaje (puedes echarle un vistazo en RTVE a la carta, sin opciones de inserción: ¿una televisión pública que no facilita la redistribución?).
Para empezar, la banda sonora: sentimental hasta el tuétano. Nada de épica ni de furia: operación postmoderna de seducción. El fútbol tiene alma y debe emanar una música delicada y sensible que diluye resistencias o prejuicios e invita a la comunión.
Porque en realidad se habla de nación y no de fútbol.

Sin entrar en el estado de la cuestión sobre el largo (y tedioso) debate de qué es España, el buen juego de la selección ha venido a ponerle punto final. Ha impuesto su discurso estético a los infinitos argumentos científicos, históricos y hasta historiográficos, linguïsticos, ideológicos, políticos o antropológicos. De repente, España tiene identidad: por primera vez desde los tiempos heroicos de Zarra, la selección tiene un estilo de juego reconocible (como lo tienen desde hace mucho Brasil, Italia, Holanda o Inglaterra) No importa que este estilo tenga bastante o mucho que ver con el que practica el Barça. España se ha convertido en marca dentro del concierto internacional.

Este es el orgullo que los medios intentan explotar ante una masa de ciudadanos necesitados de líderes y referencias positivas. El fútbol hoy en España es un producto necesario, tanto o más de lo que lo fue durante la larguísima posguerra.
Volvamos de nuevo al reportaje. El planteamiento místico (veáse el título y oígase la banda sonora) se contagia a los famosos entrevistados. Los jugadores y comentaristas se expresan con parecida devoción: “jugar con la selección es lo más grande”, “un sentimiento que sale de muy de dentro y tiene que ver con la fuerza física y mental”, “pensar en la familia, en que eres español, en que no puedes defraudar”, “lo máximo, es como haber llegado a lo máximo a que puedes llegar en una profesión” Etcétera.

Palabras que se parecen demasiado a las pronunciadas desde el club. Darlo todo por el club y su historia, sentir los colores, no defraudar a la afición, sudar la camiseta… Repertorio de fidelidades desmentidas después en la opacidad de los despachos, ahí donde se ponen números y euros sin que aparentemente el jugador tenga nada que ver: esto lo lleva mi representante.
En realidad, el discurso del jugador de fútbol tiene mucho de militar. Ayer todos los jugadores del Madrid apoyaban a Pellegrini, mañana apoyan a Mourinho: están a muerte con el entrenador… que designe el presidente. Jugadores como soldados (aunque millonarios) mercenarios que fichan (o hacen como si se dejasen fichar) por el ejército que más paga. Villa siente los colores del Valencia pero la próxima temporada intentará ganarle todos los partidos como delantero del Barça. Paradójica fidelidad.

Ahora toca España, la apoteosis de una selección encargada de devolver al país el orgullo que le ha robado el FMI, la UE y el Banco Mundial. Cada jugador cobrará medio millón de euros si ganan la final: algo así como 10 millones de euros, que a todos nos parecerá una cantidad razonable y daremos por bien pagada.
Incluso nos creeremos (nos lo creemos ya) que estén tan orgullosos de representar a su país. A su nación, justamente en un trabajo donde está abolido el concepto: ¿cuántos españoles juegan en el Real Madrid?

Las ligas son la realidad y por eso se juegan cada semana. La selección es la ilusión y por eso se reaviva (como los ritos, como la Navidad) de tanto en tanto.

Written by emiligene

junio 11th, 2010 at 12:47 am

Posted in postmodernidad

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No Responses to 'El orgullo de la roja'

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  1. Tengo una pregunta para uds. ¿Desde hace cuanto le llaman “la roja” a la selección Española?

    Es un término que se ha hecho muy popular entre ustedes, recientemente… Sin embargo, la roja ha sido el nombre con el cual se ha identificado a la selección Chilena de futbol desde hace muchos años, incluso desde aquellos tiempos donde se celebró el mundial en Chile en el año 1962.

    Espero alguien se dé el tiempo de aclararlo, puesto que seria una lastima utilizar aquel nombre solo por el hecho de estar mal informado. ¿Alguien dijo copia?

    Cristian Toro Carreño

    12 jun 10 at 0:08

  2. Creo que el adjetivo se ha incorporado hace sólo unos años, al menos de la forma sistemática con que se usa ahora. Y tienes razón, “la roja” define desde hace décadas a la selección chilena.
    Saludos.

    emiligene

    12 jun 10 at 0:24

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