
Llevamos unos días de discusiones obsesivas sobre el recorte de sueldos (ya concretado) y el aumento de impuestos (todavía por concretar): que si las medidas son necesarias, que si ZP es un inepto, que si los sindicatos… O por qué todos tenemos que pagar los errores de unos pocos, que además se han salido de rositas de la crisis: los bancos siguen mostrando balances positivos millonarios. El sector financiero ha recibido una inyección (en vez de una multa) del Estado para que sobreviva, mientras que no hay forma de cancelar la más triste de las hipotecas.
En fin, que me acordaba de la famosa frase popularizada durante la campaña de Bill Clinton para minar la popularidad (casi de un 90%) de Bush padre. Lo consiguió. “Es la economía, estúpido”: un eslógan que ha calado definitivamente en el lenguaje periodístico para desenmascarar discursos retóricos que chocan contra la realidad.
Sin embargo, sustituiría el término economía por consumo, ya que es este el motor real de cualquier economía. No hay crecimiento sin consumo. De ahí que se hable cada más de confianza y tendencias: ¿de golpe la economía se ha vuelto psicologista o mágica? Es simplemente la constatación de un hecho: reactivar el consumo, estimular el consumo… No importa que mejore la exportación o descienda el déficit o se recuperen puestos de trabajo. Si los ciudadanos (y ciudadanas, por supuesto) no salen a comprar y gastar, no mejora la macroeconomía de un país.
Las medidas clásicas (bajar/subir impuestos, controlar/privatizar sectores…) están hoy supeditadas a que se mueva la rueda del consumo. ¿De que serviría una economía saneada si a la gente le diese por ahorrar en casa, guardarse el dinero sobrante para mejores tiempos (como hacía la hormiga) y sin fiarse de los bancos por si se produce un nuevo corralito?
Pensaba en todo esto después de repasar algunas de las declaraciones hechas por el presidente braliseño Lula, uno de los líderes mundiales mejor valorados a pesar de un izquierdismo que no ha interferido en la eficacia de su gestión. Durante la conferencia Brasil, alianza para la nueva economía global que se ha celebrado este miércoles 19 de mayo en Madrid, Lula ha confesado:
“Deben saber que en Brasil la televisión está haciendo auténtica apología del consumo. La televisión les dice a los brasileños ‘si usted no está comprando porque tiene miedo de que pueda perder terminará perdiéndolo. Compre’, y tengo que decir que son las clases más bajas del país las que han respondido, las que más han consumido”
Gracias a este pragmatismo, Brasil pasará de ser el país de las favelas a la cuarta economía en 2025.