
Zalamea es un pueblo de Badajoz especialmente famoso por ser escenario de una de las obras teatrales más famosas del Siglo de Oro. Calderón de la Barca escribió El alcalde de Zalamea alrededor de 1636 en torno al tema del honor y el poder absolutista del Rey, convirtiéndose en un título de referencia en el repertorio español (Recuerdo haberla visto representar, con Fernando Fernán Gómez como Pedro Crespo: una interpretación magistral)
Desde 1994, la obra se representa al aire libre cada tercera semana del mes de agosto en Zalamea de la Serena por unos 500 vecinos y vecinas del pueblo, dirigidos por Miguel Nieto e Isabel Castro y sin ánimo de lucro. Pero apareció la SGAE el año pasado exigiendo 24.000 euros de atrasos. El motivo: la versión que interpretaban había sido escrita por Francisco Brines, y había que pasar por caja, por mucho que el mismo autor hubiese cedido los derechos al pueblo en 1998.
Resucita pues el viejo dilema: la obediencia a una leyes abusivas o la dignidad. El pueblo ya ha elegido: “el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios”.
Sin llegar al ejemplo de Fuenteovejuna, han decidido pasar de la SGAE y un investigador local se hará cargo de escribir una versión propia. A ver qué dirán ahora los recaudadores.
La noticia, en El Mundo
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Bitacoras.com
10 mar 10 at 20:31
Algo rechina cuando leo que el autor había cedido los derechos al pueblo. Si no fuese así, sería entendible que la SGAE les cobrase, al fin y al cabo siempre tienen la opción de usar el original, que no tiene derechos de autor (eso si, probablemente el castellano antiguo se entendiese con mucha más dificultad).
Me cuesta posicionarme con respecto a la SGAE. Por una parte desearía que hubiese otra asociación, del mismo modo que no solo tenemos una compañía de teléfono o electricidad. También sería deseable más transparencia en la gestión (autores que se quejan de que no cobran lo suficiente) y una cierta sensibilidad para casos como éste.
Sin embargo, también veo que hay un odio anti-SGAE generalizado. Se me ocurre compararlo con un medicamento: seguramente pagamos sin rechistar por una medicina que no cuesta mucho fabricar, pero cuyo importe se eleva por los derechos farmacéuticos. Supongo que lo asumimos con normalidad porque los medicamentos no se pueden copiar con un ordenador como si fueran una canción.
Francisco Sard
10 mar 10 at 22:57
Desde luego, si el nuevo redactor de la obra no está afiliado a la SGAE, ésta no tendrá nada que hacer. Hace poco vi un reportaje de un pueblo (TODO un pueblo) cuyos bares se habían pasado a la música copyleft y se habían declarado anti-SGAE. Si hacen lo mismo todos los pueblos de Mallorca (recientemente afectados), a lo mejor se replantean algunas cosas, aunque sólo sea su política de imagen pública.
Francisco Sard
10 mar 10 at 23:00