Ríete del tiempo real, esta dimensión que encadila a los filósofos y fastidia a los periodistas. Este real-time que Twitter empuja en la red, y al que se van apuntando todas las plataformas y servicios incluyendo por supuesto el buscador de Google, es poco comparada con la dimensión espacial: aquí te pillo aquí te mato.
Aunque para Kant tiempo y espacio eran dos a priori de la experiencia humana hasta el punto de formar una unidad espacio-tiempo, que la Física ha mantenido vigente, la verdad es que la economía lo ve distinto. Y es que vivimos tan en el presente que no hace falta esforzarse por atraparlo, pero el espacio se resiente: la gente es celosa de su privacidad y no gusta de dar explicaciones. El mercado quiere saber dónde estamos.
Hasta que apareció Internet móvil estimulando el narcisismo adolescente: dónde estoy, a dónde voy, con quién me encuentro, cómo se llama el sitio donde estoy. La geolocalización, más antigua incluso que los mapas de Google, ha explotado ahora como un juego que engancha y permite al fin cumplir la utopía del mercado: aquí te pillo, aquí te mato. Publicidad personalizada en tiempo real según las coordenadas geográficas del consumidor.
Y ahí entra Google que, no lo olvidemos, es por encima de todo el gran mediador del pastel publicitario en la red y llevaba años detrás de patentar la publicidad móvil geolocalizada, cuando nadie creía en ella o sonaba a chino.
Google vive (y muy bien) dedicada a ordeñar la publicidad que se contrata en Internet, de ahí que haya insistido hasta conseguir patentar la publicidad geolocalizada en EEUU. Con lo cual se cierra el círculo y todos a pasar por el aro del negocio en la Internet móvil que ahora despega de verdad.
Sólo falta saber qué hará Google con esta patente: ¿exigirá condiciones y contraprestaciones a los nuevos agentes y redes, léase Foursquare como ejemplo típico, de la misma forma que Google mismo está dispuesto a no cumplir cuando los lobbys editoriales reclaman un impuesto por indexar las noticias que producen o cuando los gobiernos le prohíben escanear libros blandiendo intereses nacionales. O sobre todo cuando promueve los estándares abiertos y la web libre. Mmm, cuánta ambigüedad.
La noticia ha pasado desapercibida: por ejemplo, sólo 10 meneos Afortunadamente, ahí estaban Error500 y Uberbin para levantar la liebre.