Confundimos los términos postmo y postmodernidad.
El primero se refiere a una moda en diseño, vestuario o interiorismo que combina tecnología occidental y minimalismo oriental con un toque freak.
El segundo, a una época de la Historia, la que estamos viviendo actualmente, y que sucede a la Edad Contemporánea (esa que ocupa los siglos XIX y XX según estudiamos en los manuales) La era postmoderna arranca en los años 80 y se diferencia por haber topado con el final de la historia y por la instauración del pensamiento único (no hay alternativas al neocapitalismo: final de las utopías, derrumbe del imperio soviético y la ideología comunista, caída del muro de Berlín…), el consiguiente relativismo ético y moral, la globalización económica que dispara la producción y el consumo, con sus repercusiones (hiperconsumismo e hiperindividualismo) o la hipertrofia de un capitalismo financiero y especulativo, todo ello junto al nacimiento de la era de la información. Como contrapartida, el paro y el fracaso escolar estructurales, o el ensanchamiento de las diferencias socioeconómicas (brecha digital, Norte-Sur, pobres-ricos)
Algunos autores proponen la palabra hipermodernismo para referirse a esta época por cuanto pone el acento en la abundancia y el exceso como signo común destacado. Basta pasar revista a los catálogos de teléfonos móviles para entendernos.
Pero quería hablar de fútbol.
Como pasa con los fractales, las formas sociales tienden a reproducir un modelo. Y lo híper también podemos encontrarlo en el fútbol actual. En el fútbol postmoderno.
Digamos que hay, había, dos grandes modelos de fútbol. El inglés (el original, por cuanto de ahí proviene el fútbol) tiende a la verticalidad y los pases largos. El sudamericano, por contra, tiende a mimar el balón y el regate. El primero es más bien físico y el segundo artístico: la fuerza contra el ingenio.
Hay otras escuelas, desde la italiana o la holandesa, pero se haría demasiado largo entrar en ello.
Ahora tenemos un nuevo modelo, que para entendernos y simplificar, es el que practica el Barça y la selección española, y se basa en la posesión del balón y el pase al primer toque para así ensanchar el campo y cansar al contrario. Esto conlleva una aceleración del juego, o al menos de la pelota. Basta ver un partido de hace 20 ó 30 años para constatar la diferencia de velocidad entre una época y otra.
El fútbol actual ha subido de revoluciones y de intensidad. Sintetiza el poderío físico y la velocidad del modelo inglés con el control y el virtuosismo del brasileño para llegar a todos los rincones del campo gracias a una multiplicación del esfuerzo: todos juegan de todo (la famosa polivalencia predicada por Cruyff) y a lo largo de todo el estadio, como muestran estas jugadas imposibles en apenas unos metros cuadrados a veces al borde de la línea.
Lo híper en el fútbol actual tiene que ver con esta forma excesiva de mover (marear) el balón en un rondó que casi se convierte en loop, y en este uso intensivo de todo el terreno de juego. Pero también en la presión, el reverso del fútbol-control. Vi anteayer el partido de Champions, y quedé extenuado, tan agotadora y continuada fue la presión ejercida por el equipo de Lyon contra el Madrid.
Control excesivo (¿no llega a aburrir a veces el Barça con estas posesiones larguísimas?) y presión excesiva como respuesta.
Pero hay más:
Híperoferta (ya tenemos fútbol también los lunes, creo que ya no queda día de la semana sin cubrir). Esta saturación del calendario de la que siempre se quejan por lo bajín jugadores y entrenadores)
Híperespeculación (el capitalismo financiero multiplicando el valor de las estrellas: casi 100 millones de euros por un jugador)
Híperespacios (estadios cada vez mayores, verdaderas ciudades deportivas. Una característica que por supuesto afecta a otros deportes de masas como el básket en EEUU: 100.000 espectadores en el estadio de los Cowboys en Dallas)
Finalmente, ¿no tiende el fútbol actual, televisado y mediático, a convertirse en espectáculo virtual, otro de los signos de la postmodernidad? Un gol ha dejado de ser un gol para convertirse en simulacro, esta jugada que una postproducción casi instantánea repite y recrea en tres, cinco o diez tomas distintas: de nuevo, lo excesivo.
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18 feb 10 at 22:47