
El fotógrafo Len Steckler ha rescatado unas fotos que tomó a la sex-symbol hace casi cincuenta años, y va a subastarlas. Y a continuación, una edición reducida: 250 copias de cada una, a un precio entre 1.500 y 3.000 euros la unidad.
Negocio redondo, basado en el viejo principio de la economía de la escasez: producción limitada que por su mismo carácter elitista multiplica su precio.
¿Es compatible este modelo de negocio, restringido y de pago, con el mercado abierto de la red que tiende a la gratuidad de la copia y la redistribución?
Estas fotos de la actriz demuestran que sí. Están colgadas en Internet, sin miedo a los piratas. Al contrario, el sitio es una plataforma para la promoción y la compra online del material gráfico, donde podemos igualmente ver las fotos y copiarlas o imprimirlas.
¿Entonces?
El truco está en el valor añadido: las copias de pago se entregan numeradas y firmadas por el autor.
De esta forma conviven ambos tipos de mercados y usuarios.
Una fórmula que las discográficas se empeñan en ignorar como si las copias digitales y la red fuesen enemigos que deben combatirse con métodos policiales. ¿Por qué la gente seguirá comprando un CD si no le ofrece algo más que la copia que puede conseguir gratuitamente (y además de forma legal)?
La galería de fotos, en [The Visit Series]